Los bancos y mercados financieros del mundo estaban hoy pendientes de Washington, donde la administración Bush y el Congreso intentarán en los próximos días acordar un plan de 700 mil millones de dólares para salvar el sistema financiero de Estados Unidos.
El Grupo de los siete países más industrializados (G7) apoyó hoy las medidas tomadas por Estados Unidos para frenar la crisis financiera, al anunciar sus miembros que están dispuestos a adoptar «todas las medidas necesarias» para estabilizar el sistema financiero mundial.
El presidente George W. Bush advirtió hoy mismo a los congresistas estadounidenses que se muestran reacios al plan de rescate financiero que «no actuar tendrá amplias consecuencias» para la economía norteamericana.
«Los estadounidenses observan si los demócratas y republicanos, el Congreso y la Casa Blanca, pueden llegar a un consenso para solucionar este problema con la urgencia que justifica», indicó Bush en un comunicado.
El anuncio del plan, cuyos detalles deben ser todavía precisados, provocó una disparada histórica de las bolsas mundiales el viernes, cuya tendencia se prolongó este lunes en los mercados asiáticos, aunque los europeos estaban en leve baja en la mañana. También la bolsa de Nueva York abrió el lunes en ligero retroceso.
La crisis financiera se había desplazado rápidamente hacia el terreno político en Estados Unidos durante el fin de semana, con el comienzo de las negociaciones entre el gobierno y el Congreso controlado por los demócratas.
En plena campaña electoral, republicanos y demócratas deberán alcanzar rápidamente un acuerdo para aprobar el plan del secretario del Tesoro Henry Paulson cuando las divergencias ya aparecen.
Los demócratas querrían que el plan no se limite al sector bancario sino que incluya también a las familias que han sido víctima de la crisis del crédito a riesgo (subprime). También querrían incluir medidas de reactivación económica que habían propuesto a Bush y que éste rechazó.
Los republicanos prefieren un plan concentrado en el sector financiero. «Debemos hacer algo limpio y simple» declaró John Boehner, líder de la minoría republicana de la Cámara de Representantes.
El plan de salvamento consistirá en desbloquear fondos públicos para comprar los activos dudosos o «tóxicos» que afectan el balance de los bancos y siembran dudas sobre la solidez del sistema financiero.
Gran parte de esos papeles están adosados a préstamos hipotecarios acordados a familias poco o nada solventes, los llamados «subprime».
La amplitud del plan podría agravar seriamente las finanzas del Estado federal estadounidense. Paulson es reservado sobre el costo total del plan: «Si bien el límite es 700.000 millones de dólares, ello no quiere decir que se llegará a esa cifra, ni que pararemos en ella y que no solicitaremos más (en caso de ser necesario)», dijo el domingo, subrayando que esos activos dudosos serán luego revendidos.
Paulson llamó a otros gobiernos a tomar medidas similares. «Voy a solicitar a nuestros colegas en el mundo que consideren programas similares para sus bancos y sus instituciones (financieras) cuando sea oportuno», agregó.