El plan nuclear civil hace que India se sienta, por fin, una gran potencia


Unos activistas del Partido Comunista de India sostienen unos afiches mientras gritan consignas en contra del plan nuclear.

India, apoyándose en los acuerdos sobre cooperación nuclear civil firmados con Francia, Estados Unidos y, pronto, con Rusia, se siente por fin reconocida como un nuevo peso pesado económico y como una gran potencia diplomática.

Texto: Nicolas Revise, foto: Manan Vatsyayana

Al firmar su retorno al «orden nuclear mundial», como ha proclamado el primer ministro Manmohan Singh, el gigante asiático se hace un lugar «en el más alto escalón de la globalización», según la diplomática Arundhati Ghosh.

Es incluso «el reconocimiento de la irrupción de India en la escena internacional, en tanto que potencia económica y estratégica», se ufanaba hace poco el viceministro de Industria, Ashwani Kumar.

Francia e India firmaron el martes un acuerdo polí­tico de cooperación en el ámbito nuclear civil que abre las puertas del inmenso mercado indio a la empresa francesa especializada Areva.

Las perspectivas comerciales en India son prometedoras.

India -décima potencia económica mundial, tercer paí­s más contaminante del planeta que importa 70% de sus necesidades petroleras- requiere 60 mil megavatios suplementarios de energí­a nuclear, o sea 100 mil millones de euros en inversiones para los próximos 15 años, de los cuales 20 mil millones de euros en contratos potenciales para los grupos franceses.

Francia compite con Estados Unidos y con Rusia, interlocutor histórico de Nueva Delhi, que dispone de un acuerdo nuclear listo para ser firmado y que ha equipado ya una central del sur de India.

Parí­s tiene una pequeña ventaja sobre Washington, ya que un acuerdo idéntico indio-norteamericano de 2005 fue ratificado sólo el miércoles por el Senado, tras haber sido avalado el sábado por la Cámara de Representantes.

La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, tiene previsto llegar el sábado a Nueva Delhi para refrendar el documento, que será la piedra angular en el acercamiento de ambos paí­ses.

Para que estos pactos se apliquen ha sido necesario que la Agencia Internacional de Energí­a Atómica (AIEA) y el Grupo de los 45 paí­ses proveedores de tecnologí­as nucleares (NSG) aceptaran en julio y en septiembre la reanudación del comercio nuclear con India.

Así­, la comunidad internacional ha levantado de facto un embargo mundial impuesto hace 34 años a esta potencia atómica militar, tras sus ensayos de 1974, y que se niega a firmar el Tratado de No Proliferación (TNP).

Nueva Delhi dispone ahora de un régimen derogatorio, ya que en principio el NSG prohí­be vender productos nucleares a Estados no firmantes del TNP. En contrapartida, India va a separar sus programas nucleares militar y civil, y colocar bajo vigilancia internacional a 14 de sus 22 reactores.

Según el analista Uday Bhaskar, India se ha tallado «un estatus único reconocido por el mundo, con respecto a Pakistán, Israel y Corea del Norte, que disponen del arma atómica pero no pueden hacer comercio nuclear».

El gigante de Asia del Sur se afianza como «una potencia democrática, irreprochable en materia de no proliferación y comparable a las democracias occidentales», afirma Amit Mitra, de la Federación de las Cámaras Indias de Comercio y de la Industria (FICCI).

Sancionada por la comunidad internacional -pero no por Francia- por sus últimos ensayos nucleares, en mayo de 1998, India se hizo con «una victoria diplomática significativa», destaca Bashkar.

India -décima potencia económica mundial, tercer paí­s más contaminante del planeta que importa 70% de sus necesidades petroleras- requiere 60 mil megavatios suplementarios de energí­a nuclear, o sea 100 mil millones de euros en inversiones para los próximos 15 años, de los cuales 20 mil millones de euros en contratos potenciales para los grupos franceses.