En su lucha contra el terrorismo islámico en Europa, los servicios policiales y los agentes de inteligencia se enfrentan a una dificultad mayor: al margen de caricaturas y simplificaciones, el perfil del «yihadista» dispuesto a pasar a la acción es variado y difuso.
El terrorista potencial puede ser un médico o un desempleado, un ingeniero o un menesteroso, un ciudadano integrado o un marginal, alguien nacido en Europa o un inmigrante reciente, un creyente educado en la fe musulmana o un converso.
Lo cierto es que el islamismo radical ha penetrado en todas las clases y medios sociales.
Esa dificultad, producto de las nuevas dinámicas creadas por la globalización, entorpece los esfuerzos de detección, reconocen los expertos.
Durante un tiempo, la barrera cultural protegió a los grupos radicales de la curiosidad de los servicios de seguridad. Pero, desde hace un tiempo, la situación comenzó a evolucionar, sobre todo después de las olas de atentados que afectaron a Francia en los años 80-90 y, más recientemente, a España y Gran Bretaña.
Los nuevos guerreros de la «yihad» (guerra santa) en el Viejo Continente son móviles, versátiles y pueden ser jóvenes europeos como los demás.
De los tres sospechosos arrestados esta semana en la ciudad de Ulm, en el corazón de Baviera, dos son de origen alemán convertidos al islam.
Así, Fritz Martin G., 28 años, hijo de un empresario que fabrica equipos de energía solar, adhirió a su nueva fe bajo la influencia de un asalariado de su padre.
En este caso, los supuestos planes de los terroristas fracasaron debido a la torpeza del neófito ya que, tras ser detectado en actitud sospechosa en los alrededores de una base aérea norteamericana, fue puesto bajo seguimiento.
En el caso de los recientes atentados frustrados de Londres y Glasgow, a fines de junio, todos los implicados eran universitarios. La mayor parte eran médicos.
Otro de esos terroristas, un indio de 27 años que murió al volante de la camioneta 4×4 que él estrelló contra un aeropuerto, tenía un diploma de ingeniero.
Los terroristas que atacaron en Londres en julio de 2005, en una ola de atentados que provocó 55 muertos y más de 700 heridos, eran en cambio jóvenes hijos de musulmanes, pero nacidos y educados en Gran Bretaña.
Eso no impidió que, en su afán de castigar a Occidente, optaran por convertirse en kamikazes.
Los que en marzo de 2004 pusieron las bombas en Madrid, con un saldo de 191 muertos y cientos de heridos, eran en su mayoría pequeños delincuentes o desempleados, recientemente emigrados de Marruecos, aunque los cerebros que los organizaron y armaron parecían tener cierto profesionalismo.
«No importa el medio social, sino el grupo», opina Marc Sageman, ex agente de la CIA, hoy psiquiatra. «Lo que refuerza la cohesión y la motivación es la dinámica de grupo», sostiene en su libro «El verdadero rostro del terrorista: psicología y sociología de los protagonistas de la yihad».
El grupo puede formarse en la mezquita, pero también en un club de gimnasia, un hospital, un café o en la esfera familiar, indica.
Sageman ha puesto en fichas las informaciones y datos de acceso libre de más de 500 presuntos terroristas y su base de datos le confirma que la propaganda islamista radical puede llevar a enrolar a todo tipo de individuos.
Para Claude Moniquet, especialista en inteligencia y redes islamistas, que dirige en Bruselas el European Strategic Intelligence and Security Center (ESISC) «esta tendencia se ha acentuado con la emergencia de la ’yihad’ global».
«En el pasado, cuando había ’yihads’ nacionales o regionales, había redes que se podían remontar, era más fácil. Hoy hay conversos, gente que se amalgama viniendo de horizontes diferentes, por medio de ese nebulosa de la ’yihad’ global que se llama Al Qaida», indica.
No obstante, «si bien no hay más perfiles nacionales, sociales y profesionales, queda un punto común»: es el fenómeno de la radicalización. «En un momento determinado, obligatoriamente, esa gente se radicaliza y ello se puede ver», subraya.
Por ello, los servicios de seguridad se esfuerzan en vigilar lo mejor posible los sitios web ’yihadistas’ y reclutar la mayor cantidad posible de informantes en los medios radicales (que ahora evitan cada vez más las mezquitas, por saberlas controladas).
La otra precaución importante, destaca, es «mantener estrechos vínculos con los servicios de inteligencia de los países de origen, siempre bien informados de lo que ocurre en el seno de sus diásporas».
La cooperación entre funcionarios de Alemania y de Estados Unidos fue clave para frustrar los posibles ataques de bomba planeados por militantes islámicos, señalan hoy reportes locales.
Funcionarios de EEUU alertaron a las autoridades alemanas hace un año luego de que interceptaron correos electrónicos sospechosos de Pakistán donde los principales sospechosos arrestados el martes en Alemania fueron entrenados por terroristas, dice el diario Sueddeutsche Zeitung en un informe.
Las autoridades alemanas usaron las direcciones de Internet proporcionadas por sus colegas de EEUU para localizar las computadoras y los potenciales terroristas, señala el informe.
La oficina del Fiscal Federal dijo que los arrestados son dos alemanes convertidos al islam y un turco, aparentemente relacionado con un grupo sunnita llamado Unión de la Jihad Islámica relacionado con al-Qaida.
La policía alemana dijo que los ataques podrían haber sido «masivos» si hubieran sido llevados a cabo.
El Aeropuerto Internacional de Frankfurt estaba entre los objetivos que los sospechosos planeaban atacar, según la policía.
Se informó que también tenían planeado atacar objetivos en EEUU, incluyendo bases militares, bares y restaurantes.