El perdón del Presidente


En las manos del Presidente hay una brasa caliente. Le quema las manos. La restitución del indulto presidencial, y por consiguiente la reactivación de la Pena de Muerte abriendo nuevamente el camino para ejecutar a los condenados al pabellón ha generado diversas crí­ticas que arguyen que los perdones echan por la borda todo un procedimiento punitivo.

Eswin Quiñónez
eswinq@lahora.com.gt

De acuerdo con el marco legal -dejado en el limbo por Alfonso Portillo– el Presidente, con su perdón, logra la eliminación de la responsabilidad penal, y por lo consiguiente el indulto de la pena. Que si bien la persona sigue siendo culpable de su delito, la pena es exonerada por la gracia del buen corazón del gobernante.

Esto más allá de estar a favor o en contra de la Pena de Muerte, el recurso de gracia mantiene viva una figura monárquica en donde la vida de un prisionero enviado a la horca pendí­a de cómo amanecí­a de ánimo el rey el dí­a de la ejecución. Si habí­a tenido un buen dí­a, su clemencia era inminente y le devolví­a una nueva oportunidad de vida al condenado. Muchos aplaudí­an el buen corazón de la realeza, mientras sus opositores le cuestionaban su decisión.

Esa es una escena superada con muchos años de historia. Que bien o mal, ha dejado atrás mecanismos medievales en donde las disposiciones generales caí­an en las manos del rey. Sin embargo, con sus respectivas variaciones legales, esta figura sigue viva en paí­ses como Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Canadá, Reino Unido, Irlanda y España, en donde el derecho de gracia corresponde a la renuncia del poder punitivo del Estado.

La decisión del presidente ílvaro Colom es casi inminente, pues la presión diplomática y de las organizaciones de derechos humanos ha logrado que el decreto de restitución del indulto sea vetado, probablemente lo retorne con enmiendas y quede nuevamente en el limbo, a menos que se logre un cúmulo de 105 votos en el pleno para enviarlo a publicación en el diario oficial.

La brasa arde en sus manos. No creo que quiera echarse encima la responsabilidad las crí­ticas dividas que surgen en este tema tan candente. El camino más sensato que encontrará será ese que Portillo halló para lavarse las manos como Pilatos y tener limpia su conciencia sobre la muerte de alguien condenado por todos los procesos judiciales del paí­s. Ya lo sabremos.