El pensamiento original


Raúl Hernández Chacón

En 1974 Erich Fromm publica una importante obra «El miedo a la libertad». Ser libre implica responsabilidad y compromiso. Hay que educarse para vivir a plenitud la libertad que tiene serias implicaciones en la vida diaria. Por eso el autor señala la necesidad de promover el pensamiento original como un elemento indispensable para el uso de esa libertad. Por eso hace una crí­tica muy fuerte a los sistemas que no lo promueven.


Desde los comienzos mismos de la educación, el pensamiento original es desaprobado, llenándose la cabeza la gente con pensamientos hechos. Cómo se logra esto con los niños pequeños, es cosa muy fácil de observar. Llenos de curiosidad acerca del mundo, quieren asirlo fí­sica e intelectualmente. Se hallan deseosos de conocer la verdad, puesto que ésa es la manera más segura para orientarse en un mundo extraño y poderoso. Pero no se los toma enserio, y a este respecto poco importa la forma que asuma tal actitud: de abierta desatención o de sutil condescendencia (forma usual de tratar a todos aquellos que carecen de poder, tales como los niños, los ancianos o los enfermos). Si bien este trato ya desalienta profundamente de por sí­ el pensamiento» independiente, hay también una dificultad mayor: la insinceridad -a menudo no intencional- tan tí­pica de la conducta del adulto medio hacia el niño. Tal falta de sinceridad se manifiesta en parte en esa imagen ficticia del mundo que los pequeños reciben de los mayores.

Se trata de algo tan útil como lo serian algunas instrucciones sobre la vida en el írtico para alguien que hubiese preguntado como prepararse para una expedición al desierto de Sahara. Además de esta tergiversación del mundo, existen muchas mentiras especí­ficas que tienden a ocultar hechos que, por distintas razonas personales, los adultos no quieren dar a conocer a los niños. Desde un mal humor, racionalizado como descontento por la conducta del chico, hasta el ocultamiento de las actividades sexuales de los padres y de sus disputas, siempre se trata de hechos que los niños «deben ignorar», desaprobándose las preguntas pertinentes de un modo hostil o amable.

Si hace 36 años Erich Fromm observa una practica pedagógica que no ayuda a la plena realización humana, con autenticidad y libertad, menos ahora que la propuesta neoliberal se fortalece con medios de comunicación más sofisticados e innovadores.

El niño así­ preparado ingresa en la escuela primaria o en la superior. Quiero referirme brevemente a algunos de los métodos educativos hoy en uso que dificultan el pensamiento original. El primero es la importancia concedida a los hechos o, deberí­amos decir, a la información. Prevalece la superstición patética de que sabiendo más y más hechos es posible llegar a un conocimiento de la realidad. De este modo se descargan en la cabeza de los estudiantes centenares de hechos aislados e inconexos; todo su tiempo y toda su energí­a se pierden en aprender cada vez más hechos, de manera que les queda muy poco lugar para ejercitar el pensamiento. Es cierto que el pensar carente de un conocimiento adecuado de los hechos serí­a vací­o y ficticio; pero la «información» sin teorí­a puede representar un obstáculo para el pensamiento tanto como su carencia.

Otra manera de desalentar el pensamiento original estrechamente ligada con la anterior, es la de considerar toda verdad como relativa. Se considera la verdad como un concepto metafí­sico, y cuando alguien habla del deseo de descubrir la verdad, los pensadores «progresistas» de nuestra época lo tildan de reaccionario. Se declara que la verdad es algo enteramente subjetivo, casi un asunto de gustos. El esfuerzo cientí­fico debe hallarse desvinculado de los factores subjetivos, y su fin es mirar el mundo sin pasión ni interés. El sabio debe aproximarse a los hechos con las manos esterilizadas, tal como un cirujano se acerca a su paciente. Las consecuencias de este relativismo, que a menudo se presenta en nombre del empirismo o del positivismo, o bien que se caracteriza por su preocupación para el exacto empleo de las palabras, son que el pensamiento pierde un estí­mulo esencial: los deseos e intereses de la persona que piensa; en su lugar surge, por el contrario, una máquina registradora de «hechos». En realidad, así­ como el pensamiento, en general, ha surgido de la necesidad de dominar la vida material, la búsqueda de la verdad se arraiga en los intereses y necesidades de los individuos y grupos sociales. Sin tales intereses desaparecerí­a todo estí­mulo de buscar la verdad. Siempre existen grupos cuyos intereses se ven favorecidos por la verdad, y sus representantes han sido los precursores del pensamiento humano; y también hay otros grupos a quienes favorece, por el contrario, el ocultamiento de lo verdadero. Solamente en este último caso la existencia de algún interés resulta dañosa para los fines del conocimiento. El problema no consiste, por lo tanto, en el hecho de la existencia de un interés comprometido en la búsqueda, sino en la especie de interés implí­cito, en la actitud cognoscitiva. Podrí­amos afirmar que en la medida en que exista algún anhelo de verdad en los seres humanos, ese anhelo es fruto de la necesidad que se alberga en todo hombre de conocer lo verdadero.

Todo esto tiene validez, en primer lugar, con respecto a la orientación del individuo en el mundo exterior, y especialmente para los niños. En su niñez todo ser humano atraviesa por un estado de impotencia, y la verdad constituye uno de los instrumentos más poderosos para aquello que carecen de poder. Pero la verdad se halla conexa con los intereses del individuo, no solamente con respecto a su orientación en el mundo exterior; también su propio vigor depende en gran medida del alcance del conocimiento verdadero que posea acerca de sí­ mismo. Las ilusiones sobre la propia persona quizá puedan representar muletas útiles para aquellos que no están en condiciones de caminar solos; pero, sin duda alguna, aumentan la debilidad del individuo. Su máximo vigor se funda en el más alto grado de integración de la personalidad, y esto significa, también, máximo de transparencia para sí­ mismo. El «conócete a ti mismo» constituye uno de los fundamentales mandamientos capaces de asegurar la fuerza y la felicidad de los hombres.

Se trata entonces de que la educación como sistema promueva la integración de la personalidad y la transparencia con si misma, lo que lleva a fortalecer las buenas relaciones humanas para una convivencia fraterna.

La critica a los métodos educativos: abundancia de contenidos y su importancia repetitiva, la libertad relativizada y su propuesta pedagógica de conocerse a sí­ mismo es la clave que orienta la acción pedagógica a seguir, hoy y aquí­ en Guatemala.