El pecado original


Era de esperarse que después de las crí­ticas que recibieran los que han tenido que ver con el manejo de fondos públicos en la remodelación del Aeropuerto Internacional La Aurora, ahora salgan diciendo que hay un plan en su contra, que todo se manejó transparentemente y que el barullo armado ha sido producto de una interesada campaña polí­tica. A nadie escapa que los razonamientos anteriores bien podrí­an ser valederos sin embargo, ¿si tanto era su interés de hacer las cosas bien, por qué a sabiendas de la ilegalidad del fideicomiso lo utilizaron a través de una entidad internacional que no podí­a ser fiscalizada como la manda la ley?

Francisco Cáceres Barrios

Es por ello, que a eso le llamó «pecado original» y si alguien argumenta que lo que hicieron con la OACI fue para manejar el dinero transparentemente, los resultados están siendo todo lo contrario, en este caso y en tantos más. ¿Para qué entonces se renumera hasta por encima del promedio a tanto funcionario público, si no es para que hagan bien su trabajo? O, ¿es bueno a estas alturas que el pueblo desconozca de cabo a rabo qué, cuánto, cómo y dónde se han estado empleando tantos millones de quetzales invertidos? Y otra pregunta más, ¿para qué existe la llamada Ley de Compras y Contrataciones a la que debieran sujetarse todas las entidades del Estado si con tal de evadirla se siguen utilizando los fideicomisos? Es que ¿las nuevas o reelectas autoridades van a seguir con la misma maña, cuando a las claras está visto que para lo único que han servido es para esconder el manejo de fondos?

A usted y a mí­, estimado lector, nos podrán decir que el aeropuerto está muy lindo, que ahora estamos a la altura de otros paí­ses, que se deja al Estado percibiendo ingresos que antes no tení­a o que La Aurora está en la categorí­a uno. Pero disculpen, ¿a qué precio? Ante tales circunstancias, no me queda otra que seguir siendo fiel al principio que dice que el fin no justifica los medios»; como que si la Constitución no mandara hacer las cosas de una manera y que sus disposiciones todos debemos cumplirlas. ¿Por qué buscarle tres pies al gato? Repito, la norma es y debiera seguir siendo que no basta ser honrado, sino que hay que demostrarlo.

Muchos hubiéramos preferido que se pensara en grande, desarrollando en otra parte del paí­s una terminal aérea más segura, confiable y llenando con absoluta certeza las especificaciones técnicas internacionales que requiere la navegación aérea pero, entiendo o mejor dicho, comprendo, que los presidentes llegan al poder con los deseos de hacer trascender su nombre y que por ello, Berger y sus colaboradores prefirieron incluirlo aún a última hora entre su listado de obras públicas, pero lo hecho, tení­a que traer las consecuencias que ahora estamos viendo, desde contratos mal hechos, reclamos por dejar las cosas a medias, haber cortado cintas simbólicas en obras sin terminar y para colmo de males, tinieblas en lugar de un cristalino manejo de los fondos públicos. Serí­a muy oportuno saber entonces de inmediato, de parte del gobierno de Colom-Espada y no hasta dentro de cuatro años, si van a seguir o no con el citado pecado original o por fin, ¿de ahora en adelante vamos a ver que todo se haga cumpliendo con lo que la ley manda?