Uno de los más apabullantes ejemplos de la decadencia oligárquica, con aparentes aires de globalización y de “economía de mercado”, ha tenido lugar en los últimos días en España, en donde los medios se han volcado a la crítica de lo que acontece con Gerardo Díaz Ferrán, el expresidente de la poderosísima patronal CEOE, quien se encuentra tras las rejas, previo al pago de una fianza de 30 millones de euros. Mientras que a su adlátere de aventuras de picaresca empresarial, Ángel de Cabo, se le ha impuesto la bicoca de 50 millones de euros en fianza.
De acuerdo con un excelente análisis de esta picaresca, efectuado por Marcos Balfagón, de El País, ambos “empresarios”, han actuado como verdaderos “caballeros de mohatra”, palabra esta última, de raíces árabes que se asocia con acciones fraudulentas de compraventa, preferentemente a través de terceros.
Díaz Ferrán ha sido, hasta hoy, uno de los epítetos del nuevo capitalismo español: empresario vinculado a los altos vuelos gremiales y políticos, y financista de campañas, por supuesto, dueño del emporio Marsans, que ha operado en estos lares, en las ramas del transporte y el turismo.
Algo que impresiona en las mega operaciones de Díaz Ferrán es la comparecencia de la banca quebrada española, que tiene acreedurías en sus empresas por más de 400 millones de euros, mientras que el patrimonio declarado no llega ni a los 5 millones, gracias a la “Contabilidad Creativa”.
Se observa en estos personajes las estrechas relaciones entre gremialismo, política y manipulación de la banca, así como el aprovechamiento de los puntos oscuros de la adquisición empresarial, para vaciarla luego, y entregar así los cascajos a otros, para que arreen con los pasivos laborales y las acreedurías.
En el polémico y profundamente crítico programa televisivo titulado “Más se perdió en Cuba”, que se difundió el pasado sábado en el canal Intereconomía, destacados profesionales de la información, las leyes y la economía, analizaron magistralmente los excesos de Díaz Ferrán y su adlátere, quien se ganaba inicialmente la vida de plomero, pero se inspiró en Richard Geere, el de “Pretty Woman”, quien hace el papel de un “liquidador empresarial”, al que le caen grandes comisiones, por dejar en la lipidia a los acreedores y a los colaboradores de las firmas encomendadas.
Los analistas coinciden en afirmar que lo que está en juego, con personajes como Díaz Ferrán, es el sistema económico-político como un todo. Se trata de una oligarquía empresarial, con intereses cruzados, y del modus vivendi de una casta económico-política-financiera, que obliga a repensar en el sistema como un todo, precisamente en estos días que los españoles se debaten sobre los nuevos derroteros constitucionales.
Pero lo más preocupante, se dice, es que el señor está en la cárcel no por verdaderas hazañas independientes de la justicia ibérica, sino por una ardua labor detectivesca de los acreedores privados, que han sido defraudados por Díaz Ferrán y que ahora se la cobran caro.
Como muchas, la historia de millones de Díaz Ferrán está precedida de una cuna humilde, su padre llegó de Lugo, para buscar fortuna en Madrid, con una mano delante y otra atrás, mientras que el hijo se codeó con los grandes, aparentó lo más que pudo y alcanzó el pináculo del mundo globalizado, antes de caer.
¡Es que huele que apesta! dicen los medios ibéricos.