A cinco meses de las elecciones legislativas de mayo, el Partido del Congreso, al poder en India, es la principal víctima política de los atentados de la semana pasada en Bombay, según los analistas.
La incapacidad del partido de evitar la carnicería, que se añadió a una serie de sangrientos ataques el pasado año, ha proyectado la imagen de un gobierno débil ante los desafíos de la seguridad interior.
Los votantes se han visto «negativamente sorprendidos por los ataques y responsabilizan al Partido del Congreso», dijo el investigador Sanjay Kumar, del Centro para el Estudio de Sociedades en Desarrollo en Nueva Delhi.
Los diarios han llenado sus páginas en los últimos días de cartas de lectores indignados por los ataques, en los que varios asaltantes llegaron por mar a Bombay y provocaron un caos que se saldó con 172 muertos, incluidos nueve islamistas.
«El miedo ha sido sustituido por una cólera generalizada, dirigida no sólo contra los terroristas (…) sino contra una administración política inepta y corrupta», escribió esta semana The Times of India en un editorial.
El pasado fin de semana, el gobierno central aceptó la dimisión del ministro del Interior, Shivraj Patil, ya acusado de inoperancia en otros atentados perpetrados en distintos puntos del país, y lo reemplazó por el respetado titular de Finanzas, P. Chidambaram.
Por otro lado, R.R. Patil, ministro del Interior del Estado de Maharashtra, gobernado por el Partido del Congreso y del que Bombay es la capital, también dimitió, después de que la prensa lo citara diciendo que los atentados eran «un pequeño incidente que puede suceder en las grandes ciudades». El jefe del gobierno local también presentó su dimisión el lunes.
Pero ambas cabezas serán insuficientes para lavar la imagen del Partido del Congreso, atacado también por el flanco económico, debido a una inflación que el pasado agosto rozaba el 13% y que resulta fatal para las clases más pobres, precisamente la base electoral de la formación.
«El Partido del Congreso no será capaz de recuperarse de estos atentados, se le percibe como incapaz de responder con determinación y unidad», dijo el columnista político Parsa Venkateshwar Rao.
Especialmente compleja es la imagen del primer ministro indio Manmohan Singh. Aunque es bien visto por haber abierto la economía al mundo cuando era ministro de Finanzas en los años 1990, se le considera demasiado influido por Sonia Gandhi, la presidenta del Partido del Congreso y nuera de la difunta Indira Gandhi.
Y a la propia Sonia Gandhi, heredera de la célebre dinastía Nehru-Gandhi, se le acusa de estar intentando catapultar a su hijo Rahul para que se convierta en el próximo mandatario.
El partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP), liderado por Lal Krishna Advani, de 80 años, ha intentado sacar baza de las dificultades del gobierno, diciendo que él habría protegido el país de ataques islamistas.
Sin embargo, en 2001, cuando el BJP estaba al poder, otros islamistas organizaron un asalto sangriento al Parlamento, que llevó a India y a su vecino paquistaní, ambos dotados del arma atómica, al borde de la guerra.
En cualquier caso, los analistas consideran poco probable que el BJP convierta la indignación por los atentados de Bombay en una victoria electoral. Al igual que el Partido del Congreso, no tienen una presencia significativa en dos de los mayores Estados del país, Uttar Pradesh y Bihar.
«Los partidos regionales son los que podrían salir ganando de todo esto, lo que creará un enorme jaleo en las próximas elecciones» legislativas, dijo el analista político T.C.A. Srinivasa Raghavan.
Algunos analistas dicen que la confusión podría favorecer a la jefa del gobierno de Uttar Pradesh (norte), Mayawati, perteneciente a la más baja de las castas de India, la de los «intocables».
Esta política, que figuró en la última lista de la revista Forbes como una de las cien mujeres más poderosas del mundo, ha dicho abiertamente que aspira al cargo de primer ministro.