El partido de la segunda vuelta


Al hablar de «partido» no me refiero a ninguna de las dos instituciones de derecho público que disputarán la gran final el 4 de noviembre próximo para ver quién se queda con el codiciadí­simo trofeo de la «guayaba de oro». No. permí­tanme hacer un sí­mil entre lo que ocurre en el campo polí­tico entre los dos contendientes, con lo que ocurre muchas veces en un partido de futbol jugado, no por las reglas sanas del deporte, sino con los artilugios de una «chamusca» de mala muerte.

Héctor Luna Troccoli

En efecto, para quienes nos gusta este deporte nacional por excelencia, hemos visto chamuscas en donde los contendientes se dan patadas en cualquier parte del cuerpo, codazos, cabezazos, zancadillas, «tarugazos» y cuanta acción violenta se le ocurre con el propósito fundamental de sacar al adversario de la cancha, en camilla y con destino al hospital para dejarlo fuera de la contienda.

Ahora bien, los aficionados de los equipos contendientes es otra cosa. La minorí­a le es fiel al equipo de sus amores desde su incorporación como seguidor de este, hasta que lo llevan en un ataúd al Cementerio General.

Sin embargo, hay una mayorí­a que tiene dos momentos particulares, uno, cuando es aficionado a morir si su equipo va por buen camino rumbo al campeonato y no pierde partidos y dos, aquellos que se incorporan a la hinchada a última hora para congraciarse momentáneamente con los miembros del equipo o sus amigos aficionados de a de veras.

Estos últimos, que forman el grupo mayoritario tienen un defecto visible: que no son leales y flaquean cuando el equipo no logra buenos resultados o sus expectativas decaen, entonces hacerlo más fácil, o se cambia de equipo o se hace el sapo y ya no brinda su apoyo al mismo. Eso ocurre muy frecuentemente en Guatemala y son pocos los que permanecen fieles ante la adversidad que pueda tener el «team» de sus amores.

Sin embargo, hay otro tipo de aficionado. Aquel que no simpatiza ni con uno ni con otro equipo y que quisiera que el que realmente es su pasión se llevara el campeonato. Esto se observa particularmente en el interior del paí­s, donde no les interesa si Municipal o Comunicaciones ganan el campeonato, sino que quieren al de su terruño, los chivos desean que Xela repita; los Marquenses que sea este, los de Suchi o de Zacapa o Heredia que ganen; incluso yo, deseo en mis sueños que Antigua sea campeón, aun cuando se encuentra en la primera división, en condición «estable» y sigue siendo el equipo del «ya merito», como le pusieron mis paisanos.

De todas maneras, la mayorí­a de aficionados ve con desagrado que los dos equipos que estarán en las urnas el 4 de noviembre, sigan jugando una «chamusca» en donde abundan las malas artes, cuando lo que todos queremos es un juego «limpio». Ojalá que los capitanes de los dos equipos guarden la calma y se la recomienden a sus otros jugadores y aficionados y que al final respeten el resultado final del partido y n le vayan a sonar el moco al árbitro que se llama Tiburcio Supremus Electorales. ¿Entienden, muchá?…..