El Papa Benedicto XVI reafirmó durante su visita de cinco días a Brasil, que concluyó ayer, el respeto a los valores morales «radicalmente cristianos» y llamó a la Iglesia de América Latina a no mezclar la fe y el compromiso político.
Contra la despenalización del aborto, Benedicto exigió el «respeto a la vida desde la concepción hacia su natural declive», durante su primera visita pastoral a América Latina, una región que acoge a la mitad de los católicos del mundo.
El Pontífice predicó la castidad en un país en donde la sexualidad de los jóvenes es cada vez más precoz.
Su discurso desató resistencias en Brasil. El ministro de Salud, José Gomes Temporao, respondió que el aborto es un asunto de «salud pública» y no una cuestión ideológica.
La secretaria de Derechos de la Mujer, Nilcea Freire, dijo que la castidad es una decisión individual. «No podemos basar nuestro programa de prevención de enfermedades sexualmente transmisibles y del sida preconizando castidad. Es absolutamente incompatible», dijo a la AFP.
El tono del papa «no es moralizante sino místico pues pone énfasis en la vivencia profunda de la fe», analizó el teólogo brasileño Afonso Soares, de la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo.
Los ataques del papa contra el «proselitismo agresivo de las sectas» neopentecostales, que siguen ganando fieles en Brasil, también sorprendieron en un país en donde la convivencia pacífica entre las religiones es la regla.
Benedicto tuvo una acogida fervorosa de los brasileños aunque sin convocar multitudes tan grandes como su antecesor Juan Pablo II. Según algunas estimaciones, más de un millón de fieles asistieron en Sao Paulo a la canonización de Fray Galvao; el primer santo nacido en Brasil, y con el cual la Iglesia cuenta para avivar la fe católicas.
El Papa no rompió más que una vez su tradicional reserva, al visitar un centro de rehabilitación de drogadictos. Allí se lo vio cálido y distendido, abrazándose con jóvenes y niños y prodigando gestos afectuosos.
Aunque remarcó que el lugar de la Iglesia es junto a los pobres, igualmente dirigió al clero un inequívoco mensaje contra el compromiso político cuando la Teología de la Liberación aún continúa impregnada en parte de la Iglesia latinoamericana.
El catolicismo «no es una ideología política, ni un movimiento social, ni un sistema económico» sino «la fe en Dios amor», dijo ante obispos de toda América Latina.
El teólogo Afonso Soares estimó que el papa «no conoce bien la realidad latinoamericana, pues eso supondría que el compromiso político no es místico».
Los partidarios de la Teología de la Liberación reivindican «una espiritualidad y un compromiso místico (…) que los llevan a estar dispuestos a dar su vida por los pobres», dijo Soares.
Al inaugurar la asamblea de obispos latinoamericanos criticó, aunque sin identificarlos, a gobiernos que adoptan posturas «autoritarias» y el retorno a «ideologías que se creían superadas».
Una nueva generación de dirigentes de izquierda llegó al poder en América Latina, entre ellos Evo Morales, primer presidente de origen indígena de Bolivia, y Rafael Correa en Ecuador. Ambos son aliados del presidente venezolano Hugo Chávez, quien promueve el socialismo en su país.
Sin embargo, criticó también tanto al marxismo como al capitalismo por considerar que ambos «excluyeron a Dios de su horizonte» y por ello fracasaron en un intento de instaurar «estructuras justas».
El papa negó también la responsabilidad de la Iglesia en la destrucción de las civilizaciones precolombinas.
«El anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña», dijo.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó hoy que el Estado laico garantiza la democracia y la convivencia de religiones en Brasil, tras la visita del papa Benedicto XVI a su país, marcada por discusiones sobre el aborto y la influencia de las iglesias pentecostales.
El carácter laico del Estado «está en nuestra Constitución», dijo Lula en su programa semanal de radio.
«Además, es importante que en Brasil tengamos siempre como principio respetar las más diversas religiones existentes. Hay muchas religiones en Brasil y debemos convivir de la manera más respetuosa y democrática posible. Por lo tanto, estoy convencido de que el Estado laico es una garantía de sustento democrático», subrayó Lula.