Brasil, el país más católico del mundo, recibió con fervor al papa Benedicto XVI, aunque se mostró reticente a su prédica contra el aborto y a sus llamamientos a la castidad de los jóvenes.
El Papa dio el tono de su mensaje ya en el avión que lo llevaba el miércoles a Sao Paulo, cuando aprobó las amenazas de excomunión blandidas por obispos mexicanos contra dirigentes políticos que legalizaron el aborto en Ciudad de México.
Una advertencia para los diputados brasileños, que examinan actualmente un proyecto de legalización del aborto hasta la duodécima semana de embarazo.
El ministro brasileño de Sanidad, José Gomes Temporao, favorable a un referéndum sobre el tema, le recordó al Papa, sin las sutilezas del lenguaje diplomático, que el aborto es un «asunto de salud pública» y no un problema ideológico.
Según estadísticas de ese ministerio, el 31% de los embarazos de mujeres brasileñas no llega a su fin a causa de abortos espontáneos o realizados en condiciones inseguras. Esas situaciones provocan 230.000 intervenciones médicas y la muerte de unas 160 mujeres por año.
«No se puede imponer los preceptos y los dogmas de una religión específica al conjunto de la sociedad», afirmó Gomes Temporao.
El presidente Luiz Inacio Lula da Silva dijo que como padre y marido es «contrario al aborto», pero que como mandatario asume que «el Estado debe tratar eso como una cuestión de salud pública».
Esta opinión es compartida por el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que cuenta con el apoyo del ala progresista de la Iglesia católica brasileña.
«La amplia mayoría de nuestra base (de los sin tierra) está a favor del aborto, no por una cuestión ética sino por una cuestión de salud pública», dijo el máximo dirigente del MST, Joao Pedro Stédile.
Por otro lado, un importante canal brasileño de televisión, TV Record, lanzado por Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios –principal denominación evangélica del país– se pronunció a favor de la despenalización del aborto.
Mujeres católicas favorables al derecho a decidir sobre el aborto así como grupos de homosexuales organizaron manifestaciones con despliegue de pancartas frente a iglesias de doce ciudades brasileñas.
«Las católicas y católicos practican sexo por placer, usan condones, apoyan la diversidad sexual y no condenan a las mujeres que abortan ¿Cuándo cambiará la jerarquía de la Iglesia?», decía uno de esos carteles.
Los llamamientos del Papa a la castidad de los jóvenes y a la virginidad antes del matrimonio fueron recibidos con frialdad por las autoridades brasileñas, que dan prioridad a la distribución de preservativos en la lucha contra el sida.
La castidad es «una decisión absolutamente individual (…) pero no podemos basar nuestro programa de prevención de enfermedades sexualmente transmisibles y del sida preconizando castidad. Es absolutamente incompatible», dijo a la AFP la secretaria de Derechos de la Mujer (con rango ministerial), Nilcea Freire.
«Nosotros preconizamos el uso del preservativo tanto masculino como femenino, que se demostró eficaz en la prevención de enfermedades socialmente transmisibles y del VIH», subrayó.
El mensaje papal corre además el riesgo de ser poco oído en un país donde la iniciación sexual es cada vez más precoz.
Según un estudio realizado en 2005 por el Centro de Análisis y Planificación (Cebrap), por petición del ministerio de Sanidad, los jóvenes brasileños tienen su primera relación sexual a los 15 años (15,2 los hombres y 15,9 las mujeres).
Una encuesta del instituto Ibope divulgada el pasado fin de semana refleja que el 79% de los jóvenes católicos brasileños no está de acuerdo con que se condenen las relaciones sexuales previas al matrimonio y el 96% aprueba el uso del preservativo.