En el avión de vuelta a Roma, que aterrizó a primera hora de la tarde en el aeropuerto de Ciampanino, el Papa declaró a la prensa que había observado un «profundo deseo de paz de parte de cada uno» en Oriente Medio.
«Existen grandes dificultades, lo sabemos, lo hemos visto, lo hemos oído, pero también he visto que hay un gran deseo de paz de parte de cada uno», añadió.
El Papa pidió durante su viaje la reconciliación entre palestinos e israelíes y en forma clara y sin titubeos la creación de «dos Estados» como única salida al conflicto israelo-palestino, durante el viaje más político de los 12 que ha realizado en cuatro años de pontificado, que comenzó en Jordania, y siguió en Israel y Cisjordania.
«Que la solución de dos Estados sea una realidad, que no sea un sueño», reclamó el Papa al despedirse del presidente israelí Shimon Peres y del primer ministro Benjamin Netanyahu, firme opositor de esa opción, este viernes en el aeropuerto Ben Gurión en Tel Aviv.
El Sumo Pontífice, que acababa de visitar el lugar donde Cristo nació y fue sepultado, reiteró, como «amigo de palestinos e israelíes», su pedido de una solución negociada.
«Apelo a todos los pueblos de estas tierras para que no se derrame más sangre: ¡No más combates, no más terrorismo, no más guerra!», clamó el Papa.
«Que se reconozca universalmente el derecho de existencia del Estado de Israel, para que viva en paz y seguro dentro de fronteras internacionalmente aceptadas», agregó.
Peres por su parte invitó al Papa a «ayudarlo a despojar al terrorismo de su coartada religiosa», mientras la víspera Netanyahu le había solicitado que «denunciara con fuerza las amenazas de Irán de destruir Israel».
Su conmovedora visita a un campo de refugiados palestinos, a las puertas de Belén, en Cisjordania, durante la cual denunció el embargo israelí contra Gaza así como el «trágico» muro de separación construido por Israel, cerca del cual se encontraba, fue uno de los momentos más emotivos de su viaje.
La visita del pontífice, de origen alemán, generó también polémicas entre los judíos, que consideraron su discurso pronunciado en el Memorial Yad Vashem, que recuerda a los seis millones de judíos que murieron en el genocidio nazi, como demasiado tímido.
«Tantos judíos (…) fueron exterminados brutalmente por un régimen sin Dios que propagó una ideología antisemita y de odio. Ese capítulo espantoso de la historia no debe ser jamás olvidado ni negado», repitió durante la ceremonia de despedida en el aeropuerto.
El papa reiteró así claramente su condena para no dejar lugar a dudas, después de que la prensa israelí afirmara que había sido miembro de las Juventudes Hitlerianas, lo que fue oficialmente desmentido por el Vaticano.
El Papa recordó su visita al Memorial como «uno de los momentos más solemnes» de su estadía de cinco días en Israel y la comparó con aquella que realizó hace tres años al campo de exterminio de Auschwitz.
Después de la visita al museo, la prensa israelí y varios dirigentes políticos, inclusive el presidente del Parlamento, consideraron insuficientes y tímidas las palabras del Papa sobre el Holocausto.
Las complejas relaciones entre la iglesia católica e Israel se habían tensionado en los últimos meses por la decisión del Vaticano de apoyar la canonización del controvertido papa Pío XII, acusado de mantener el silencio frente al exterminio de millones de judíos, y por el levantamiento de la excomunión en enero a un obispo integrista británico que niega la existencia del Holocausto.
Benedicto XVI, que se descalzó en Jerusalén en la Mezquita de la Roca -uno de los sitios más sagrados del Islam- y estrechó las manos de sobrevivientes del Holocausto, colocó un mensaje en el Muro de Lamentaciones y se reunió con los dos grandes rabinos de Jerusalén.
«Simbólicamente tuvo gestos eficaces, aunque las palabras se le quedaron cortas», comentó a la AFP John Allen, autor de varios libros sobre el Vaticano y corresponsal del National Catholic Report.
Benedicto XVI tuvo palabras de acercamiento con las otras religiones, en particular los musulmanes, e hizo un llamamiento a la unidad de los cristianos ante el patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III.
El presidente israelí, Shimon Peres, pidió hoy la ayuda de Benedicto XVI para despojar al terrorismo de su coartada religiosa, antes de que el Papa emprendiese su retorno a Roma tras una visita de ocho días a Tierra Santa.
«Los líderes políticos y espirituales afrontan un desafío enorme: separar la religión del terrorismo. Cómo impedir que los terroristas tomen la conciencia religiosa como rehén, disfrazando un acto terrorista con los falsos hábitos de la misión religiosa», afirmó.
«Su visión deformada de Dios es la que permite, e incluso alienta el asesinato, el terror, la violencia», añadió, pidiendo al Papa que ayude a «la gente a reconocer que Dios no está en el corazón de los terroristas».
Peres le dio las gracias por sus palabras sobre el genocidio nazi durante la visita a Israel: «Su declaración de que el Holocausto, la Shoah, no deben ser olvidados o negados, que el antisemitismo y la discriminación, en todos los sitios, y bajo todas sus formas, deben ser combatidos intensamente, nos llegó al corazón y nos conmovió», dijo el jefe de Estado israelí.
Benedicto XVI partió hoy hacia Roma del aeropuerto de Tel Aviv en un avión de la compañía israelí El Al y llegará a la capital italiana tras tres horas y media de vuelo, poniendo fin a una gira que lo llevó a Jordania, Israel y Cisjordania.