Recuerdo que allá por los años 20″s, el pan, francés o dulce, eran grandes, casi un poquitito más grande que el puño del panadero, no sé de cuántas onzas. El francés era muy sabroso comiéndolo con aceite de olivo. El dulce tenía varias denominaciones, y una de las sabrosas era la llamada pan dormido. Costaba tres pesos plata, una monedita como las de a cinco centavos, éstas conservan su troquel original, sólo que ahora son del valor de cinco centavos oro devaluadas. En las panaderías o en las pulperías (tiendas) daban ganancia, pero ahora resulta que un pan, que casi parece de San Antonio o de feria, cuesta treinta centavos y no en todas las panaderías, en algunas más. Este pan, al otro día, cuando se denomina frío, amanece como para empedrar calles. De manera que si una persona se come dos francesitos, dos panitos dulces, estará gastando un quetzal veinte centavos, falta el resto de la familia, que siempre se estima en cinco personas.
Por otra parte está la «canasta básica», es decir el Mercado, en donde al reclamar «Â¿por qué tan caro?, responden, es que ya subió la gasolina, pues a comprar un gí¼isquil, un pushito de esto o de lo otro para que medio haya para el almuerzo. Y falta lo de la camioneta, a veces hay que gastar hasta cuatro quetzales diarios. Y las tortillas, a veinte centavos cada una. Ya no vamos a ser «los hombres de maíz», de paso que ni de aire, porque éste también lo venden. Ya sólo falta que las asoleadas también tengan precio.
Pero volviendo al motivo de esta nota, resulta que con lo expuesto, a los jubilados se los está llevando el tren (no de aquí), porque las «jubilaciones» del Estado apenas si les alcanza para octavo pasarla, ya no digamos medio. El Ministerio de Finanzas y la Oficina Nacional del Servicio Civil, debieran hacer cada cinco años una evaluación del costo de vida y así efectuar aumento en esas jubilaciones, porque, reiterando, los descuentos fueron hechos a la par del dólar, y ahora se están volviendo ocho veces devaluados, de manera que queda un bonito saldo a favor de ellos. Pero de esto, se hacen de los ojos ciegos.
íTEM MíS: Antes decían ante estos bruscos cambios climáticos: «Enero es loco y fero otro poco».