El paí­s en crisis


Las acusaciones formuladas por el abogado Rodrigo Rosenberg en un video que grabó pocos dí­as antes de ser asesinado, en el que señaló puntualmente a los responsables de su muerte, ha provocado una crisis polí­tica sin precedente en el paí­s porque se ha señalado a las más altas autoridades de la República y a personas de su entorno más cercano de participación no sólo en ese hecho sino en el crimen de los señores Musa.


La reacción del Gobierno ha sido de afirmar que se trata de una conspiración porque los medios independientes, ajenos a los que están í­ntimamente vinculados al Gobierno y que han decidido no difundir las acusaciones ni permitir a su público conocer todos los hechos, han dado cobertura a la sensacional declaración que se convierte en desgarradora expresión póstuma de uno de los tantos guatemaltecos asesinados en el marco de la violencia generalizada que nos afecta. Pero nunca ninguna ví­ctima habí­a podido dejar plasmado el calvario sufrido en el marco de amenazas y riesgos que son el pan de cada dí­a para tanta gente en nuestra desangrada Guatemala.

Guatemala vive, indudablemente, momentos crí­ticos en los que hay que considerar abundantes factores pero en donde se nota que la ausencia de confianza y credibilidad en las instituciones impide que se piense que puede haber avance en una investigación seria de las acusaciones. El mismo sistema corre el riesgo de que su ineptitud, ineficiencia e inefectividad se revierta en su contra porque lo único que puede salvarlo es una investigación que logre despertar la confianza de la población. De lo contrario, las aclaraciones y la afirmación del Gobierno de que se trata de una conspiración, tendrán poco peso en una opinión pública que ha sido sacudida hasta sus cimientos. Y todos sabemos que una investigación con tales caracterí­sticas es muy difí­cil y que aun para la CICIG, referente de honestidad para muchos guatemaltecos, puede estrellarse contra el muro de la impunidad que ya se vio en casos como el del fiscal Matus y el de los militares implicados en el desfalco al Ejército.

El Gobierno ha sufrido un golpe tremendo y tienen que actuar de manera tal que den muestras de la más absoluta transparencia con la idea de que únicamente eso puede, y hay que decir quizás, aplacar la tormenta desatada por las acusaciones vertidas horas antes de que los sicarios ejecutaran a Rodrigo Rosenberg, un guatemalteco admirado y respetado pero que ahora adquiere una dimensión inédita en la vida del paí­s. Ocultar la información no resuelve el problema y simplemente demuestra que si hay conspiración va en otra dirección y sentido.