Nos ha quedado como recuerdo, de esas acartonadas películas y teleseries estadounidenses de la Guerra Fría, que las grandes ideas (como una bomba mortífera, o un sistema infalible de comunicación) cayeran irremediablemente en manos de espías enemigos, es decir, de los rusos.
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Desde entonces, en Guatemala, debido a nuestro natural instinto de “mimetizar” lo bueno (y, muchas veces, también lo malo) de otros países, pareciera que también las grandes ideas que se nos ocurren caen, sin lugar a equivocaciones o alternativas, en malas manos.
Me refiero, por ejemplo, a que en plena vía del retorno democrático de los años ochenta en nuestro país, a nuestros intelectuales habían propuesto (a fuerza de haberse aguantado las ganas de sugerir por más de tres décadas) algunas buenas ideas para hacer de este un mejor país.
Una de esas buenas ideas fue la de proponer que el desarrollo del deporte recibiera una alta asignación presupuestaria de los egresos del Estado. Gracias a esa buena idea, constitucionalmente se le otorga al desarrollo del deporte el 3% de la asignación presupuestaria, lo cual es mucho mayor que lo que recibe la mayoría de ministerios del Ejecutivo, o bien que el mismo Organismo Judicial.
Ante tan alta asignación, también fue buena idea otorgar la mitad de esa asignación al deporte federado, y el resto repartirlo entre el deporte escolar, de recreación y para becas de atletas del ciclo olímpico.
En verdad, aún me parece buena idea, porque el deporte podría llegar a ser un ámbito para el desarrollo individual, y a través del deporte, algunas personas podrían llegar a encontrar una alternativa para salir adelante, tal y como ocurre, por ejemplo, en Brasil, donde los jóvenes de las familias pobres pueden sobresalir a través del futbol y encontrar un modo de vida que les permita subsistir, o mucho más que eso.
Sin embargo, como toda buena idea, la alta asignación al deporte cayó en buenas manos, y ya ven que hoy día Guatemala no es potencia en ninguna disciplina deportiva, y los logros deportivos no corresponden al enorme gasto que realizamos. Ello no por la incapacidad de los atletas, sino por la corrupción que existe entre las instituciones.
Y, ya ven, que las dirigencias del deporte son motivos de riñas, disputas y vendettas, a tal punto que las elecciones para esos puestos requieren una costosa inversión, a pesar de que, nominalmente, esos puestos son ad honorem.
Lamentablemente, es una buena idea caída en malas manos; hoy día, con razón se cuestiona sobre este sistema de asignación presupuestaria al deporte, y hasta se llegue a sugerir que se le retire este monto.
De la misma manera, podría suceder con las comisiones de postulación, que en su momento fueron una buena idea, ya que se pretendía que los altos puestos de los contrapesos del Estado, fueran propuestos por académicos, en un intento de que intelectuales estuvieran en el poder. Pero lejos de que se academizara la política, se produjo el proceso contrario, ya que se politizó la academia, y no solo se corrompió el sistema de postulaciones, sino que el nivel de la academia universitaria se vino por los suelos.
Otra buena idea caída en malas manos.
Y es que no es posible que en Guatemala hagamos leña del árbol que está de pie, sin esperar a que, por lo menos, este se caiga, y se destruyan todos esos intentos de mejorar al país, y todo por la maldita ambición de llenarse los bolsillos, que más que bolsillos parecen barriles, y sin fondo.
Augusto Monterroso, nuestro célebre narrador, ya lo anticipaba en su novela “Lo demás es silencio”, en puño y letra de su personaje Eduardo Torres, quien escribía: “Parece ser destino de las mejores ideas caer en manos de los peores hombres”.