El Pacto Fiscal


Al conocerse la propuesta del Grupo Promotor del Diálogo Fiscal para alcanzar en el corto plazo un Pacto Fiscal que no sólo asegure la captación de ingresos, sino que además ofrezca certeza para los próximos años respecto al tema tributario, hay que decir que se hacen planteamientos que van en la dirección correcta y que ojalá tengamos como sociedad la madurez necesaria para entender que es preciso que asumamos el compromiso, de acuerdo a nuestras posibilidades, de contribuir con el financiamiento del desarrollo del paí­s.


Sostenemos que todos los paí­ses que han alcanzado desarrollo han pasado por la captación de recursos para invertir en la infraestructura fí­sica de la nación y para mejorar las condiciones de su población en temas puntuales como educación y salud. No hay un ejemplo en el mundo en el que se haya alcanzado una condición de igualdad de oportunidades para todos los habitantes del paí­s mediante la economí­a del derrame que pretende que la mayor ganancia de los más ricos irá beneficiando a los menos favorecidos precisamente por el derrame de las ganancias. Todo paí­s que ha alcanzado desarrollo tuvo que invertir fuertes sumas de dinero en crear las condiciones para que pudiera producirse el crecimiento económico.

Y eso es lo que no queremos entender los guatemaltecos, porque mientras en paí­ses donde ya está hecho el mayor gasto, social y fí­sico, se pregona que deben reducirse impuestos para que los trabajadores se beneficien del derrame provocado por las mayores ganancias empresariales, en lugares donde todaví­a hace falta poner los cimientos del desarrollo esa tesis resulta evidente y burdamente absurda.

Porque aquí­ basta ver los indicadores que tenemos en materia de desarrollo humano, de acuerdo con los parámetros que fija el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, para darnos cuenta que estamos en pañales y que nos falta mucho por hacer. El concepto de una deuda social es cientí­ficamente correcto y así­ lo debemos entender porque si no invertimos en nuestra gente y en mejorar las condiciones de nuestra infraestructura, estaremos en desventaja sobre todo ahora que la globalización económica impone condiciones de competencia mucho más duras que antes.

Puede haber otras ideas y pueden tenerse criterios más o menos divergentes por el tipo de impuesto que se plantee, especialmente en el debate entre directos e indirectos. Pero lo que no se puede cuestionar es que Guatemala necesita de más aporte de más ciudadanos para empezar a desarrollarse justa y equitativamente y que la propuesta va en la dirección correcta.