El otro rostro de las encuestas


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Fiasco es el adjetivo que corresponde para los patrocinadores de las fallidas encuestas. Esta vez, más que otras, la intención de manipular los cuestionarios que sirvieron de pauta para los abultados resultados a favor de una de las opciones previas al 11 de septiembre, no fueron lo suficientemente persuasivos para inducir el voto hacia dicha opción. Y es que en uno de los aspectos más humanos de un proceso electoral, la motivación para influir en los electores tiene su punto de partida en el deseo de “sentirse ganador, al respaldar al ganador” de una contienda, en este caso, la electoral.

Walter Guillermo del Cid Ramí­rez
wdelcid@yahoo.com

 


Tal sentimiento no fue suficientemente sustentado para generar la atmósfera de la ganancia en primera vuelta.

El desafí­o que tienen ahora las entidades encuestadoras, más allá de sus múltiples justificaciones, es la de dar a conocer las interrogantes que sirven de pauta para lo que luego presentan como el resumen que origina los datos que exponen. El orden de las interrogantes, el método aleatorio empleado y la forma en la que se encuentran identificados los encuestadores, entre otros aspectos. Esa información, de oficio, la presentan a los auspiciadores. Pero dado que la credibilidad la tienen por los suelos bien harí­an en darlos a conocer. El rostro “oscuro” que se esconde en la generación de los resultados propios de las encuestas va más allá de la información del momento como se suele indicar. Esta es la de crear una atmósfera de adhesiones al “ganador” de las encuestas. Aprendamos de la historia para evitar el manipuleo de la sección más emotiva de la emisión del voto.

En 1990 se habí­a montado todo un aparato publicitario para presentar como virtual ganador al presidenciable de la Unión del Centro Nacional, la original UCN, del fallecido Jorge Carpio. El bochorno fue tal que a partir de los resultados del balotaje de aquella ocasión, éste recibió el mote de “ganador de encuestas, perdedor de elecciones”. Jorge Serrano dio la “sorpresa”. Resultó electo y con él se produjo una de las primeras expresiones de minorí­a dentro del total de las curules parlamentarias de aquel entonces. Su partido, el Movimiento de Acción Solidaria, no llegó a la treintena de diputados, de hecho era la tercera fuerza y la gestión del Ejecutivo quedó “aprisionada” por la mayorí­a de la UCN, con 41 diputados de los 106 y los 27 de la Democracia Cristiana Guatemalteca. La prensa calificó los arreglos como propios de una “trinca” a la que se le agregó el calificativo de “infernal”. El resultado de aquella gestión es parte de otra historia.

Parece que ahora se quiere repetir aquel desafortunado intento de manipular la atención y la intención de los votantes. Los números, la numerologí­a propia de las elecciones apuntan de hecho a un virtual ganador. Este es sin lugar a dudas el general retirado Otto Pérez Molina. Pero hace falta que corra mucha agua por el rí­o, para que tal expectativa sea la definitiva. Las habilidades retóricas de Manuel Baldizón, le pueden poner en aprietos. De hecho el aspirante petenero tiene toda su carrera por delante, por el momento tiene todo que ganar y prácticamente nada que perder. Eso lo convierte desde ya en un valladar particularmente especial a vencer. El patriota se ha rodeado de estrategas, entre militares y civiles, entre académicos y auténticos mercaderes de la comunicación. En tanto su principal contendiente se ha empezado a hacer rodear de otro tipo de generadores de opinión, parece que todos civiles. Ello apunta a una contienda en la que se habrán de aflorar algunas de las actitudes más peculiares de la conducta humana. Veremos, asumo desde ahora, que se presentarán aspectos peculiares e interesantes en las próximas semanas. Alguien que va a la cabeza se puede consolidar o caer derrumbado ante la impertérrita manifestación de una energí­a que lo puede todo, pues tiene todo para ganar. Las encuestas no solo revelan números y los números no son lo único que cuentan en los procesos electorales, solo hasta el final de las cuentas. Eso no se debe olvidar.