Ambos fueron desplegados en un cruce fluvial a la puesta del sol del 3 de julio, el primer día de la gran ofensiva estadounidense contra los rebeldes islamistas en su bastión de la sureña provincia de Helmand.
Pronto se vieron envueltos en medio de uno de los escasos combates violentos de la ofensiva, luchando contra unos 40 talibanes decididos a no ceder el estratégico control del enclave de Mian Pushti, en el sur del distrito de Garmser.
Cuando su mochila tanque de 2,5 litros de agua se quedó vacía, ambos marines intentaron alcanzar las botellas que su compañía del segundo batallón del Octavo Regimiento de Infantería había llevado en helicóptero.
Tarea imposible en un primer momento, ya que estaban atrapados por el fuego de los rebeldes. Finalmente, cuando al fin les llegaron las botellas de agua, no les sirvieron de nada: estaban calientes.
«Estábamos en un flanco, al lado de un montículo de hierba, con el sol fuerte de mediodía y sin sombra», recuerda Charles Auge, de 24 años. «La cabeza me empezó a girar y todo se me quedó en blanco».
Edwin Sáez, de 21 años, también sucumbió al calor poco después, cuando acababa de disparar contra dos francotiradores rebeldes escondidos detrás de una pared. Al parecer los había liquidado.
«Empecé a perder el conocimiento. Y el agua estaba tan caliente que quemaba la garganta», cuenta.
Los dos marines estaban tan enfermos que tuvieron que ser evacuados en un helicóptero, que también se encontró bajo fuego enemigo.
Ambos fueron tratados con perfusiones intravenosas y baños de hielo y fueron puestos bajo observación durante tres días antes de abandonar el hospital militar.
Ahora empiezan a recuperarse de la experiencia.
Uno de sus compañeros murió por el fuego enemigo el primer día de la ofensiva.
Cinco soldados fueron evacuados desde el campo de batalla tras caer abatidos, no por disparos enemigos, sino por el sofocante calor, con temperaturas que alcanzaron los 46 grados centígrados la semana pasada en Helmand.
Ataviados con cascos y chalecos antibala, cargados de armas, municiones y de agua, los soldados tienen enormes problemas con la deshidratación, en particular durante los combates.
Un marine carga al menos 23 kg de equipo, subrayan los oficiales, y los que combatían en Mial Pushti transportaban además cientos de municiones adicionales al no saber cuándo podrían repostar.
El paisaje varía en Helmand, la provincia más grande del país, y va desde el desierto polvoriento a los verdes valles del río del mismo nombre, salpicados de muros de piedra y zanjas.
Se trata de un terreno complicado para las tropas norteamericanas, entrenadas sin embargo para hacer frente a este tipo de situaciones antes de llegar al país.
«Los soldados en combate pueden consumir hasta 10 litros de agua por día. El aprovisionamiento en agua es una prioridad importante», dijo el capitán Micah Caskey.
«La insolación puede ser mortal. El calor causa muchas más bajas entre los marines que los talibanes», agregó.
«Hay que lograr un equilibrio entre la protección de los hombres, por ejemplo, con gruesos chalecos antibalas, y los problemas que plantea el calor y la movilidad», puntualizó.
El primer ministro británico, Gordon Brown, advirtió que el verano boreal será «muy duro» para las tropas en Afganistán, donde ocho soldados británicos murieron en 24 horas, en un grave balance que el sábado despertaba dudas sobre la estrategia militar en ese país desde 2001.
«Este está siendo un verano muy duro y no ha terminado, pero es vital que la comunidad internacional cumpla con sus compromisos», afirmó Brown desde L»Aquila (centro de Italia) -donde jueves y viernes participó en la cumbre del G8- después de que su país sufriese el peor balance de bajas en 24 horas.
Ocho soldados murieron el jueves y el viernes en cinco incidentes separados ocurridos en el provincia meridional de Helmand, donde está desplegada la mayoría de los 9.000 miembros de las tropas británicas que se encuentran actualmente en Afganistán.
Con estas bajas asciende a 184 el número de soldados británicos muertos en Afganistán desde fines de 2001, cuando las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos entraron en el país para luchar contra los talibanes. Este balance supera por primera vez el número de muertos británicos en Irak, 179, desde la invasión de ese país en 2003.
El ejército británico lleva a cabo desde el 23 de junio una ofensiva de gran envergadura -la operación «Panchai Palang» (garra de pantera)- contra los talibanes en la provincia de Helmand, feudo de los islamistas.
Desde el 1 de julio, quince soldados británicos han muerto en esta ofensiva, lanzada por la tropas internacionales en un intento de garantizar la seguridad de esas zonas inestables antes de las elecciones presidenciales y provinciales del 20 agosto.
El jefe del estado mayor del ejército del aire, Jock Stirrup, reconoció que las tropas británicas atraviesan un «momento difícil dado que los talibanes han identificado Helmand como un terreno de importancia vital». «Si pierden allí, pierden en todos lados, así que movilizan todos sus recursos», agrega.
«Pero pierden y nuestros oficiales en el terreno son muy claros al respecto. Pero llevará tiempo y, desgraciadamente, esto implica bajas», explicó en una declaraciones difundida por televisión.
Por su parte, el ministro británico de Relaciones Exteriores, David Miliband, subrayó el sábado a la emisora de radio BBC4 que las tropas británicas luchan por el «futuro del Reino Unido», considerando que es esencial impedir que Afganistán vuelva a convertirse en la «incubadora del terrorismo» contra Occidente.
Sin embargo, la prensa británica ponía en duda el sábado la estrategia llevada a cabo en Afganistán.
El diario The Times, que publicaba en portada la fotografía de los 184 soldados británicos muertos en Afganistán, se preguntaba: «Â¿nos hemos equivocado al ir a la guerra?».
«El aumento del número de víctimas hace nacer el temor de que Afganistán se esté transforman en un atolladero», escribía el diario.
El sensacionalista The Sun, el diario de mayor tirada del país, subrayaba «la crítica creciente de la forma en que se lleva a cabo la guerra».
Para el Daily Mirror, «un debate público sobre los objetivos y los riesgos del despliegue en Afganistán es saludable (…) pero también deberíamos ser honestos y admitir que es un conflicto que no podemos evitar».
Sin embargo, el Daily Mail y el Daily Express consideraban que el gobierno británico debería considerar la retirada de sus tropas.