González Dávila hizo referencia al esfuerzo que hizo el Obispo para traer religiosos a la diócesis, varias veces cubriendo los gastos. Así fue como dominicos y franciscanos hicieron acto de presencia, fundaron convento y se dedicaron a misionar.
A la Orden de San Francisco, el cronista dedicó un párrafo especial, señalando que el licenciado Marroquín lo trajo de España con sus fondos, costándole la venida de cada fraile 70 ducados. Con respecto a la Orden de la Merced hizo referencia a las misiones y pueblos que les otorgó: “Así lo hizo, mandando que algunos Religiosos Mercenarios (literal) fuellen a enseñar la Fé Catolica a los Gentiles de Quiles, y Zacapula, y en los Partidos de Ustuncalco, Zacatepeque, Teyuztla, Cuilco, y Guatenango. Y para facilitar la enseñanza de su Lengua Barbara, que se llama Mame, el Venerable P. Fr. Geronimo Larios de la Cruz imprimió un Arte della, y fue el primero que la predicó a sus gentes.”(1)
Por demás interesante la referencia que hace a los “Gentiles de Quiles, y Zacapula”, dato interesante ya que se refiere a la zona Quiché misionada por los dominicos. Remesal en su crónica aclaró que estos pueblos fueron cedidos por parte de los frailes de Santo Domingo a los de la Merced, como prácticamente todas las doctrinas mencionadas. Por otra parte la mención de la obra en lengua Mam, por fray Gerónimo Larios de la Cruz, informó que fue impresa en 1607, siendo este religioso el primero que predicó en ella. (2)
APORTES
Entre estos se encuentra una carta de 1540 enviada por el Emperador al licenciado Marroquín que era en ese momento Gobernador y Obispo de Guatemala, lo original de este documento es la preocupación del monarca por formación en la fe y conocimiento de la doctrina que debían de recibir los indios y negros. No está escrita en un tono familiar, son una serie de órdenes con relación al tema. Por otra parte, el Monarca conocía el problema la carencia de ministros y le ofrecía ayuda económica para solventar el problema
Se ha discutido acerca del interés de la monarquía en justificar la conquista y la colonización de los territorios americanos sobre la base de la conversión de los naturales al cristianismo y con esto propiciar su salvación. Fuera de la polémica, considero que en el siglo XVI asumió esta responsabilidad muy en serio. Por otra parte, como ya mencioné, no puede olvidarse que la Corona y su Consejo de Indias tuvo particular interés en que religiosos hicieran presencia en el nuevo continente, ya que eran sus principales informantes y leales ejecutores. Los testimonios de religiosos y obispos, que presentaron directamente o a través de cartas o crónicas, son la mejor evidencia de la relación entre Iglesia y Corona. Actualmente los que se conservan constituyen fuentes importantes muy valiosas para interpretar y conocer buena parte de la historia de la época. Véase facsimilar.
DESTRUCCIÓN
A continuación citó la tragedia de 1541, la destrucción de la ciudad y la mortandad que produjo, destacando la labor del Obispo en rescatar vidas y haciendas.(3) Este punto como otros me lleva a confrontar el texto y la crónica de Remesal, no sólo por la dependencia que tiene González Dávila de este texto, sino porque su lectura siempre tiene provecho. Me llama la atención la descripción que hizo de la capital antes de su destrucción. Considero que fue acertada: “Flaca y consumida la ciudad de Santiago de los Caballeros con tantas calamidades y trabajos, y los más dellos cercanos, quiso el Señor por sus secretos juicios darle el mayor que hasta allí había padecido,..”. (4)
El Obispo Marroquín, dio quizá la explicación más acertada sobre las causas que provocaron dicho estado de cosas. El prelado se quejó amargamente por el poco aprecio que los conquistadores y funcionarios de gobierno tenían hacia esta tierra. Buscaban sólo el enriquecimiento inmediato y una vez amasada la riqueza procuraban salir de ella, nada que ver con el crecimiento y progreso de la ciudad.(5) Santiago de los Caballeros durante los catorce años que estuvo en Almolonga, tuvo una vida precaria y llena de dificultades. Es conveniente mencionar que durante ese período la ciudad estuvo bajo el gobierno del Adelantado y en su ausencia de su hermano Jorge. Uno de los principales biógrafos de don Pedro de Alvarado, Adrián Recinos, resumió en unas líneas, la actitud del Adelantado con relación a la ciudad: “La obra de Alvarado como administrador y colonizador fue casi completamente nula. Su espíritu inquieto no le permitía concebir, ni mucho menos emprender las obras que florecen en un pueblo al amparo de la paz. Era un hombre nacido para la guerra y la aventura que a su juicio eran el único camino de la riqueza y de la felicidad. En ninguna de las cartas que escribió siendo ya gobernador expone planes de progreso para su gobernación; el meollo de sus informes al rey es el eterno tema de los descubrimientos, de la conquista, de la guerra”.(6) Este párrafo lleva a considerar que no sólo fue la actitud de este conquistador sino la de muchos otros. Propias quizá de un período difícil y complejo en el que se confrontaron intereses de empresa y de lucro inmediato, frente a una actitud visionaria como la tuvo el Obispo Marroquín y otros prelados del continente.
Quiero agregar la conferencia ilustrada que presentó el Académico de Número Jorge Luján Muñoz en el auditorio de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala (SGHG), titulada “Aventuras y Desventuras de los libros Segundo y Tercero del Cabildo de Santiago de Guatemala” el 23 de febrero de 2011. En la que informó acerca del hallazgo de estos documentos que se consideraba perdidos como del trabajo de paleografía y confrontación que se estaba realizando. El libro segundo contiene los cabildos de 1530 a 1541 y el tercero los de 1541 a 1553. Fue una buena noticia ya que se desvelarán aspectos desconocidos sobre la vida de los primeros vecinos y la forma en que intentó desarrollarse el primer centro urbano español estable y capital de la provincia de Guatemala Santiago de los Caballeros en Almolonga, su destrucción y abandono como su traslado al valle de Panchoy, y desde luego el papel que desempeño el Obispo Marroquín durante esos períodos.
NOTAS
(1) Gil González Dávila. Sobre. Teatro Eclesiástico de la Primitiva Iglesia de las Indias Occidentales. Vida de sus Arzobispos, Obispos y cosas memorables de sus Sedes. Tomo I (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1649), p. 146. A.
(2) Antonio de Remesal, Historia General de las Indias Occidentales y Particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala. Edición y estudio preliminar de Carmelo Sáenz de Santa María. 2 tomos (México Editorial Porrúa, 1988), I, 3, c. 19. n. 6-7, p. 226; G. González Dávila, op. cit., p. 146.
(3) Ibídem., p. 147.
(4) A. Remesal, op., cit., I, 4, c. 6. n. 1 -5, pp. 270-274.
(5) Carmelo Sáenz de Santa María. El Licenciado Don Francisco Marroquín. Primer Obispo de Guatemala (1499-1563). Su vida-Sus Escritos (Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1964), pp. 183-184.
(6) Adrián Recinos. Pedro de Alvarado. Conquistador de México y Guatemala, (México: Fondo de Cultura Económica, 1952), p. 190. Otra opinión acerca del Adelantado, se encuentra en José Milla. Historia de la América Central. Desde el descubrimiento por los españoles (1502) hasta su Independencia de la España (1821) . Tomo I (Guatemala: Establecimiento Tipográfico de “El Progreso”, 1879), pp. 322-323. A este autor Recinos lo considera “sereno e imparcial” en sus juicios. Lamentablemente la obra no ha sido reconocida y consultada como en realidad debería serlo; quizá su fama por sus obras escritas en el género de “novela histórica” han impedido valorar su faceta como historiador.