El nuevo papado


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La elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio, ha ocasionado múltiples reacciones en todo el mundo. Grandes expectativas confluyen en uno y otro sentido, toda vez que en Argentina es visto como un prelado conservador pero reformista dentro de la propia Iglesia. Como a todo ser humano se le pueden asignar o apreciar enormes atributos y también el peso de sus debilidades. Acusado, al igual que Joseph Ratzinger en su momento de pertenecer a las juventudes hitlerianas, a Bergoglio se le ha cuestionado por su condescendencia con la dictadura argentina de 1973 a 1986.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com


No obstante, en cuanto a sus supuestas simpatías con el régimen militar, recién el Premio Nobel de la Paz, el también argentino Adolfo Pérez Esquivel, ha declarado abiertamente para la BBC de Londres, que el ahora Papa Francisco, en su momento, “no tenía vínculos con la dictadura.” Más allá de la o las polémicas que pudieran desatarse alrededor de su trayectoria eclesiástica y la obvia relación de ésta con la política (local), uno de los hechos incuestionables es su austera manera de desenvolverse. El voto de pobreza lo ha llevado a la práctica de una manera constante.

Como en toda organización, y la Iglesia no es ajena a ello, ha de efectuar los nombramientos que le corresponde realizar. Detrás de cada una de estas designaciones estarán cifradas las formas y procesos mediante los cuales se abordarán los que a mi juicio son los tres más importantes desafíos. De ellos, dos al seno interno y uno hacia lo exterior. En primer lugar el saneamiento o depuración de las finanzas. El Banco del Vaticano ha estado envuelto en dudosas transacciones desde antes y durante la época del recordado Juan Pablo II. En este sentido la evasión fiscal y el lavado de dinero son las dos principales sindicaciones al “secreto mejor guardado” relacionado con las finanzas vaticanas. El paso dado por Benedicto XVI ha sido importante pero aún insuficiente.
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El otro tema es sobre las investigaciones, denuncias y eventuales procesos en contra de varios religiosos de diferentes jerarquías, en cuanto a abusos de tipo sexual que se han cometido a lo largo del “territorio parroquial” de la Iglesia en su conjunto. En este tema también su predecesor el ahora Papa Emérito dio pasos significativos que han de continuarse para devolver la imagen y proyección de los misioneros de Dios al servicio de sus pueblos. Las acciones que se darán en poco tiempo proveerán de luces alrededor de lo que podrá emprender el Papa Francisco en este incómodo escenario.

Y el tercer gran desafío es el que tiene que ver con la evangelización en un entorno cada vez más marcado por las posesiones materiales, la compra de voluntades, las riquezas emergentes y dinámicas de dudosas procedencias, entre otros aspectos del “mundo globalizado” contemporáneo. La adopción de su denominación, directamente relacionado con San Francisco de Asís y de San Francisco Javier, uno de los primeros seguidores de Ignacio de Loyola, creador a su vez de la Compañía de Jesús o sea la orden de los Jesuitas, de donde proviene el ahora Papa, apuntan una suerte de posibilidades para que se produzca una evangelización con un sentido y visión social. Sin ser seguidor de la Teología de la Liberación, el hecho de ser un religioso volcado hacia los pobres y preocupado por atender a los desamparados, desde ya apuntalan expectativas que en el plano nacional no tardarán en generar una renovada ola de señalamientos por nuestros más singulares y oscurantistas conservadores, vinculados sí a esta feudal oligarquía que tiene secuestrada a esta que llamamos democracia. En este plano, también es de esperar que no se vuelvan a producir halagos por parte del Arzobispo Metropolitano Óscar Julio Vian Morales, a esa manera “poco amigable” con el medio ambiente de producir endulzante, así como a otras simpatías en pro de mantener el sistema como tal, que tan poco afortunadas ha tenido el mencionado Arzobispo.