El nuevo héroe de Nueva York


El ahora héroe,  Chesley B.

El piloto Chelsey Sullenberger, 57 años, cuya pericia logró posar como una pluma sobre el rí­o Hudson un Airbus-A320 con 155 ocupantes, se convirtió instantáneamente en el nuevo héroe de Nueva York.


«Es un piloto de pilotos, adora el arte de volar», dijo desde California su esposa Lorrie, asediada por los medios tras la hazaña de su marido que no puede hablar en público mientras avanza la investigación sobre el accidente.

Los diarios de Nueva York ya le hicieron un triunfo: «Héroe del Hudson», tituló el Daily News. «Piloto Superhéroe», proclamó el New York Post. «Dos alas y una plegaria: Cómo el piloto los salvó a todos», anuncia Newsday.

Fue elogiado por el presidente George W. Bush, el alcalde de Nueva York Michael Bloomberg le entregó simbólicamente las llaves de la ciudad y la gente hoy, en el metro y en la calle, no hablaba más que de él.

Desde los ataques terroristas de 2001, los neoyorquinos recuperaron la vida normal pero cualquier situación de emergencia reaviva para muchos el recuerdo de la pesadilla que vivieron hace ocho años.

Y en momentos en que los medios los bombardean con malas noticias sobre la crisis económica o el escándalo del financista Bernard Madoff que los estafó por decenas de miles de millones de dólares, hallaron en Sullenberger un héroe providencial e incuestionable, al menos por el fin de semana más frí­o del año.

De cabello y bigote cano, este veterano capitán de US Airways que lo contrató hace 29 años, hace más de 40 que vuela, fue siete años piloto en la Fuerza Aérea con cazas F-4 y aconsejó incluso a la NASA sobre seguridad.

John Silcott, un piloto de la aerolí­nea United con ocho años de experiencia pilotando Airbus-A320, calificó de «notable» la proeza de Sullenberger.

«Definitivamente es un héroe. Lograr que no haya ninguna ví­ctima fue algo excepcional», insistió Silcott.

«Tiene mucho control, es muy profesional», admitió su esposa rubia, rodeada de sus dos hijas. Se enteraron después de los hechos porque el piloto las llamó directamente antes de que saliera en los medios. «Tuve un incidente», les dijo.

Lorrie Sullenberg casi lloraba de alegrí­a al relatar su «shock» cuando se enteró de la envergadura del «incidente». Y esa noche, las niñas se fueron a dormir tras pasarse la velada mirando a todas las televisoras proclamar a su padre como héroe nacional. «Fue un poco extraño todo», comentó Lorrie.

Instructor de la asociación de pilotos como experto en seguridad, Sullenberger conoce especialmente el tema de los accidentes y colaboró en varias pericias del NTSB, la oficina federal de seguridad en el transporte.

Es justamente la NTSB quien tendrá la última palabra de la historia del «Milagro sobre el Hudson» cuando determine, tras una investigación que apenas comienza, las causas exactas del accidente.

Las autoridades sospechan que la averí­a puede haber sido provocada por el impacto de una o varias aves, pero sólo podrán saberlo tras un examen detenido de las turbinas y de las «cajas negras» que encierran los datos del vuelo.

INVESTIGACIí“N Causas del accidente


Un equipo de expertos federales comenzó a investigar hoy en Nueva York las causas exactas de la caí­da la ví­spera al rí­o Hudson de un avión con 155 ocupantes que pudieron ser rescatados.

La historia con final feliz fue como un bálsamo para los neoyorquinos, trastornados desde los ataques terroristas de 2001. Las primeras planas de los diarios clamaron el «milagro» del rescate y el «heroí­smo» del piloto.

«Hemos visto una gran cantidad de heroí­smo ayer en el Hudson», dijo el alcalde Michael Bloomberg, en una ceremonia en la que entregó reconocimientos a los rescatistas que participaron en la operación.

Pero se desconoce por el momento la causa de la averí­a sufrida por el avión tras despegar del aeropuerto neoyorquino de La Guardia con destino a Charlotte en Carolina del Norte y que provocó su caí­da menos de cinco minutos después.

La Oficina nacional de seguridad en el transporte (NTSB) indicó que un equipo de 20 personas dirigido por el veterano investigador Robert Benzon comenzó a trabajar con ese fin en Nueva York.

El Airbus A-320 accidentado seguí­a en el agua el viernes, amarrado a un muelle en el extremo sur de Manhattan, hasta donde habí­a sido remolcado vací­o, horas después del accidente.

El portavoz de la NTSB Ted Lopatkiewicz indicó a la AFP que entre otras tareas se disponí­an a entrevistar al piloto y, una vez que el avión fuera retirado del agua, a recuperar las «cajas negras» que registran los datos del vuelo.

El piloto Chesley Sullenberger, de 58 años, un veterano de US Airways y que en el pasado voló en la Fuerza Aérea se convirtió en héroe en Estados Unidos por haber logrado posar sobre el agua el pesado avión con dos motores averiados.

La gran pregunta a la que deben ahora responder los investigadores es: ¿Qué provocó la averí­a en las turbinas? El fabricante General Electric, que participó en la construcción de los motores de ese avión, dijo que estaba colaborando con la investigación.

La hipótesis manejada por las autoridades federales es la de una colisión con una o varias aves. «Las aves, por supuesto, son una posibilidad», indicó Lopatkewicz.

Según la prensa norteamericana, el piloto reportó en sus comunicaciones una «colisión con aves», tras lo cual se le instruyó intentar un aterrizaje en un aeropuerto vecino de Nueva Jersey.

Sullenberger optó por intentar un acuatizaje sobre el Hudson, que logró con éxito y sin que el avión sufriera mayores daños, permitiendo la evacuación de los 155 ocupantes por embarcaciones que acudieron de inmediato.

Bloomberg advirtió el viernes que Sullenberger «no podrá hablar (al público) mientras la NTSB esté conduciendo la investigación».

«Al parecer, el avión no tení­a suficiente velocidad ni altura como para realizar un aterrizaje de emergencia en La Guardia y el piloto no tení­a otra opción más que posar el avión donde sea», dijo Chris Yates, experto de aviación de la publicación Jane»s Aviation de Londres.

Según Yates, «en esa situación el rí­o Hudson era la mejor opción. Posarse en el agua es una maniobra difí­cil pero logró hacerla como en el libro y la estructura del aparato permaneció intacta».