El nuevo engendro


Eduardo-Blandon-Nueva

Es difícil imaginar que un nacimiento deje indiferente a alguien que se precie de humano.  Normalmente la gestación es vista como un milagro de la naturaleza, un acontecimiento siempre extraordinario.  Pero, ojo, no todo alumbramiento provoca sentimientos de esperanzas y alegría.  Ayer, por ejemplo, nació un nuevo partido político en Guatemala y estoy seguro que exceptuando sus padres, siempre putativos, a nadie le interesó la noticia. 

Eduardo Blandón


A mí tampoco me interesó, pero fue irremediable leer en Twitter el entusiasmo de unos pocos que o celebraban el hecho o simplemente daban a conocer la noticia.  El partido político, uno más, dice llamarse TODOS.  Un nombre justo y preciso y nebuloso e inapropiado al mismo tiempo.  Título atinado porque el TODOS involucra a los mismos de siempre.  Todos ellos, la mara de la fauna política.  Los coyotes de la misma loma.  Y mentiroso porque no estamos todos y con cuánta alegría debe celebrarse semejante noticia.

            De modo que TODOS podría llamarse también NINGUNO.  Aunque claro, a estas alturas del juego quizá parezca muy prematuro decirlo.  Pero esto se verificará el día de las elecciones, cuando los integrantes del partido se enteren de que en realidad están SOLOS, sin que NINGUNO haya aprobado sus ficciones políticas.  Solo ellos, todos ellos, estarán alineados en su momento.  Pero, seamos honestos, estos partidos no nacen para ganar elecciones.

            En realidad, estos grupúsculos organizados buscan privilegios.  Son estructuras que viven el aquí y el ahora para beneficio de sus integrantes.  Si ganan a futuro solo será producto de la suerte y la coyuntura mágica.  Lo importante es formar una unidad medianamente sólida para gestionar y ser grupos de choque para ver qué bueno sacan del momento.  Entonces son partidos de siete meses cuya gestación ha sido forzosa.  Nacen enfermos y casi condenados a morir.

            Aunque claro, el principal reto de esos grupúsculos es no permitir la muerte de neonato.  Porque un partido político vale dinero y si las cosas no funcionan puede venderse la criatura.  De hecho, TODOS viene de un engendro llamado “Los Verdes”.  Un monstruito que nunca creció ni desarrolló, pero que ahora ha mutado a ese bebé endeble llamado TODOS.  Y si mañana no pega el invento puede convertirse en el “Partido de los trabajadores” o “el Partido Solidaridad”.  ¿Quién lo sabe?

            Los nacimientos son una cosa seria pero no en materia política.  Estas más bien son concepciones horrorosas, ordinarias y dignas de piedad.  Ni siquiera deberían llamarse gestaciones, sino experimentos.  Sus autores crean monstruos destinados al mal y puede decirse que salvo excepciones sus autores son enfermos mentales que buscan el lucro y el poder.  De aquí que no pueda celebrarse la génesis de una máquina destinada al expolio y la ventaja de sus integrantes.