Con los antecedentes existentes, hoy por hoy todo es creíble de los diputados integrantes del Congreso de la República. El actual ni siquiera es superado por el del Gobierno de Jorge Serrano cuyos diputados le exigían «ayuda» para mandar a sus hijos a ser atendidos en hospitales de los Estados Unidos; igual recordamos al Congreso del Gobierno de Vinicio Cerezo en donde un diputado involucrado en un crimen pasional con presunción suficiente para pensar que él fue el autor, salió libre apañado por sus compañeros de partido. Ni que hablar del Gobierno de Portillo en donde la bancada del FRG no impidió ni denunció los desfalcos al Estado, léase Crédito Hipotecario Nacional, IGSS, Ministerio de Gobernación y otras dependencias. Con estos antecedentes sería infantil seguir creyendo en los diputados si no se ganan con sus actos el derecho a confiar en ellos.
El escándalo de la indemnización y la indexación del salario han alborotado durante semana y media el cotarro de la vida nacional. El malestar que la solapada acción despertó hizo ver que la ciudadanía ya está cansada de tantos abusos. Sin embargo es justo hacer tres menciones en rechazo al hecho: la preocupación del presidente electo ílvaro Colom iniciando una investigación del actuar de los diputados de la UNE después de las órdenes que cursó desde el extranjero en contra de la indemnización. La expulsión decidida de tres diputados de su bancada por el Partido Patriota y el emplazamiento de la alta dirigencia de la Gana contra tres diputados que estuvieron presentes en el recinto.
Las cantinflescas explicaciones de los protagonistas responsables son dignas de risa, tal como la supuesta confusión de aprobar una ley por otra, cuando además de la grabación existe un documento en donde por escrito el diputado Jorge Ortega solicita y justifica las Reformas a la Ley para aprobar la indemnización. La respuesta del presidente del Congreso, Rubén Darío Morales ?uno de los más sorprendidos de la reacción popular? tratando de sacar las castañas del fuego con explicaciones y mentirillas que no convencen a nadie también formó parte del sainete. El diputado Ortega se vio obligado a publicitar la forma en que se planificó el procedimiento cuando dijo: «todos estuvimos de acuerdo, lo platicamos, la moción tuvo el apoyo de ciento diez diputados y ahora cada quien está tratando de protegerse en función de los intereses partidarios», eso dicho por Ortega, ya lo suponíamos.
Volviendo al Partido Patriota, el general Otto Pérez Molina y su dirigencia jugaron un papel importante oponiéndose sobre la marcha y expulsando a tres de sus diputados. Además la acción del diputado del Patriota, Oliverio García Rodas, un congresista experimentado y de colmillo quien presentó un recurso de amparo ante la Corte de Constitucionalidad el cual está pendiente de fallo después de haber solicitado al Congreso los antecedentes del caso. En dicho recurso el solicitante pide que ni el Presidente del Congreso ni los Vicepresidentes que constituyen básicamente la Junta Directiva firmen las reformas aprobadas.
El aparente cisma dentro del Partido Oficial Gana es saludable, indica que existe una tendencia dentro de los partidos políticos a autodepurarse y así mismo que los representantes nuevos al Congreso de la República están dispuestos a intentar recuperar el prestigio de ese Organismo. Aquel señalamiento del diputado Manuel Barquín contra la diputada Rosa María de Frade, diciendo que espere a tomar posesión para intervenir en el asunto ventilándolo en privado, está fuera de lugar; la señora de Frade tiene derecho como diputada electa y como ciudadana perteneciente a esa organización política a intervenir y airear el tema abiertamente y no a escondidas. Por lo visto la mencionada señora parece tener más pantalones que la mayoría de sus correligionarios congresistas.
Hoy sabemos que la Corte de Constitucionalidad amparó provisionalmente a la Junta Directiva del Congreso, lo que les permite no publicar las reformas a la Ley del Servicio Civil y con eso les dio una salida decorosa aunque no justifica a los responsables que sí merecen un linchamiento político.
Cuando pienso en la dignidad de ser diputado recuerdo a Chepe García Bauer, todo un tribuno, un hombre intachable y sencillo, congresista de cinco legislaturas que hacía resonar su voz en el hemiciclo por las causas justas. Estoy persuadido que entre los nuevos diputados y los diputados reelectos hay personas honorables y capaces que pueden darle otra cara al Congreso, un perfil de respeto y autoridad que hoy no tiene.