El  pimpollo y su papi


Eduardo-Blandon-Nueva

A futuro se podría decir casi cualquier cosa de nuestro presidente, Otto Pérez Molina, excepto que sea o haya sido un mal padre de familia.  No, qué va, es un papá modélico, paradigmático, casi imitable.  Eso de salir a defender a su hijo, el alcalde de Mixco, Otto Pérez Leal, haciéndose el baboso ignorando el abuso y la avidez de su vástago, dice mucho de su calidad de “pater familiae”. 

Eduardo Blandón


Eso fue lo que hizo ayer, fingir desconocimiento y mostrar doble rasero a la hora de juzgar y actuar.  Con el Congreso de la República fue duro, le faltó hacer las de Jesús de Nazareth con los vendedores del templo: agarrar a latigazos a la oposición y ponerlos firmes, como si fueran soldados, siempre obedientes a su voz.   Pero cuando lo abordaron los periodistas y le preguntaron su opinión sobre el sueldo abusivo de casi Q90 mil quetzales (al parecer nimio para el “babbo” gamonal), que se recetó “il piccolino”, hizo mutis primero y luego se excusó diciendo que prefería respetar las decisiones del Concejo Municipal de ese lugar.  
 
Las cosas son claras para don Otto: el Congreso de la República es un lugar poblado de delincuentes (cueva de ladrones, según la sentencia bíblica).  La Municipalidad de Mixco, su Alcalde, el hijo del Presidente, es un bendito de Dios: “éste es mi hijo amado en quien me complazco”.  Caramba, vamos por buen camino, según la lógica de quienes nos gobiernan.
 
Si el Presidente quiere tener autoridad moral para señalar la corrupción y juzgar a quienes abusan del erario público, debe empezar poniendo orden en casa.  Esa actitud maniquea de creer que los buenos son los que pertenecen a su grupúsculo y los malvados los de la otra esquina, no le va a hacer bien a su gobierno y empezaremos a creer que su discurso está lleno de inconsistencias y baches morales.  Lo que sucedió ayer es solo una muestra de lo atrevida que es la moral oportunista, el pseudo amor paterno y la flaqueza de carácter cuando se trata de mostrar rectitud.
 
¿Mano dura?  No, mano blanda y aguada.  Otto es un padre flojo cuyo ejemplo nos hace un magro favor.  Su actitud no es diferente al de los padres que vi en Pavón y que insistían en la inocencia de sus hijos, cuando sus crímenes eran más que obvios.  Digamos, para atenuar la falta del Presidente, que es un padre “normal”, alcahuete y permisivo.  Es el típico “papi” que defiende a sus polluelos a toda costa, en contra de todo: la verdad, la honorabilidad y el respeto.
 
Yo habría esperado de un Presidente que se precia de ser firme y con “carácter”, como tantas veces lo repitió en campaña, una actitud más seria.  Pero está visto que las apariencias engañan y la consigna puede ser más bien: para mis adversarios, el garrote, para mis amigos, la dulzura franciscana y la indulgencia generosa.  Mientras no corrija los abusos de partidarios, amigos y familia que no pida virtud, sacrificios ni comprensión.  Ya veremos si corrige la plana de su pimpollo.