El Nobel y su repercusión en la polí­tica estadounidense


Cambio. Según los analistas, el Premio Nobel de Al Gore podrí­a tener implicaciones en las próximas elecciones de Estados Unidos. (AFP / La Hora)

Recompensado hoy por el premio Nobel de la Paz, el ex vicepresidente estadounidense Al Gore podrí­a reconsiderar su marginación de la campaña presidencial y lanzarse a la carrera por la Casa Blanca, siete años después de su derrota de 2000.


Campeón de la lucha contra el calentamiento climático, el ex vicepresidente de Bill Clinton explicó que no desea hacer más polí­tica institucional, pero sus numerosos seguidores no quienes escuchar esto.

Sus amigos publicaron este miércoles una página completa en el New York Times y difundieron mensajes por numerosas cadenas de radio para intentar convencerlo de que podrí­a ser el presidente número 43 de Estados Unidos y que se postule en las elecciones de noviembre de 2008.

Al Gore, de 59 años, contribuyó a difundir entre el gran público el problema del clima al participar en «Una verdad incómoda», exitoso documental que fue premiado con un Oscar este año en Hollywood.

Desde entonces se volvió omnipresente en los medios norteamericanos. Los mega conciertos y las millares de iniciativas de «Live Earth», en las que participaron decenas de artistas de renombre internacional, retransmitidos en directo por televisión e internet, levantaron de nuevo el tema del retorno de Al Gore a la escena polí­tica y, sin ser candidato, está siempre en los sondeos para las primarias del Partido Demócrata.

Calificado por sus seguidores como «el ex vicepresidente de Estados Unidos más en onda», siempre ha afirmado que no desea lanzar una nueva campaña, que está «desencantado» de la polí­tica, donde los candidatos deben limitar sus mensajes a una frase para los noticiaros televisiones nocturnos.

Sin embargo, ha rehusado cerrar totalmente la puerta a esta eventualidad: «No lo he descartado, pero no creo que sea probable que pase», declaró Gore en una reciente entrevista con el semanario Time.

«Si yo hago bien mi trabajo, todos los candidatos van a hablar de la crisis climática. Y no estoy convencido de que la presidencia sea el mejor papel que yo pueda jugar», agregó.

Gore, quien en numerosas ocasiones es descrito como un polí­tico en ví­as de desintoxicación, ha advertido sin embargo que «siempre es necesario cuidarse de una posible recaí­da».

Según su esposa Tipper, muchos amigos han intentado infructuosamente convencerlo de que se lance a la campaña. «El no quiere ir», asegura ella.

«El tiene acceso a todos los dirigentes, de todos los paí­ses, en el mundo de los negocios, a gente de todas las ideas polí­ticas, él puede hacer lo que desea, en todo el mundo, mientras lo quiera, ¡eso es la libertad! ¿Para qué renunciar?», dice ella.

Bruce Buchanan, profesor de polí­tica en la Universidad de Texas, dice que el desafí­o para Gore, si fuera candidato, serí­a preservar su nueva imagen. «Se siente ahora más libre de decir lo que piensa. Si se convirtiera en candidato, creo que serí­a suficientemente inteligente como para mantener esta veta».

Hace siete años, el candidato Gore «era extremadamente prudente y nunca parecí­a totalmente cómodo consigo mismo. Esta es la diferencia entre el Al Gore que vemos hoy y el Al Gore candidato presidencial de 2000», agrega el experto.

En la Presidencia, Al Gore se encontrarí­a en el puesto ideal para aplicar las idas que más le interesan. «Si uno quiere tener un impacto en el medio ambiente o atacar el calentamiento global, no hay mejor lugar para hacerlo que la oficina Oval» de la Casa Blanca, explica Sherry Bebitch Jeffe, profesora de ciencias polí­ticas de la Universidad de South California en Los Angeles.

Vicepresidente al lado de Bill Clinton de 1993 a 2001, Al Gore fue el negociador de Estados Unidos para el Protocolo de Kyoto, que luego no ha sido ratificado por Washington.