El presidente Otto Pérez llegó hace pocos días a Nebaj, Quiché y un grupo de descendientes de los mayas lo recibió con pancartas, gritos y fue abucheado. Hoy, la autoridad que se presente a un programa de radio, recibe de numerosos ciudadanos una confrontación directa. En los mítines, ya no es el borrachito del pueblo a quien hay que tenerle miedo (porque dice la verdad a grito pelado) es de “la gente”. Ahora cualquier persona se mofa del político que visita la comunidad. Es un mundo nuevo: el mundo de la horizontalidad. El mundo de las comunicaciones instantáneas.
El escenario cambió con el siglo XXI. Hay un nuevo paradigma de la comunicación: “la gente” asume ahora un papel protagónico, tras años de estar siendo receptor pasivo, ahora somos comunicadores activos. Nos hemos convertido en productores de comunicación y al parecer algunos políticos no quieren ni logran entenderlo. Es el nuevo escenario: usamos la tecnología de comunicación digital, desde la esquina de cualquier pueblecito del mundo.
Hay un nuevo ciudadano: el que participa en las redes sociales de la web 2.0. Ese cibernauta medio que trabaja para tener un novedoso celular prepago. Y que se ha acostumbrado a participar en los programas de radio donde le piden su opinión; y que está presente en los noticieros de televisión y hasta manda tweets a Fernando del Rincón en CNN o a los programas deportivos de otros países. Ese ciberciudadano de la red, ya no “le meten el dedo en la boca” (como a cualquier bebé) ya no se lo “babosean”. Es el nuevo chapín informado, ciberactivo, ciberparticipante.
Ese mismo chapín que había empezado a desconfiar desde hace ya varios años de las pésimas autoridades, debido a tanto escándalo, tanto robo descarado de casi todos los políticos…ese mismo ciudadano que está harto de todo el desmadre que están haciendo la mayoría de diputados; de algunos de los alcaldes ladrones; de los pésimos gobernadores o los pillos-policías a los que se tiene que enfrentar casi a diario. Por eso, las redes sociales han venido a convertirse en cloacas sociales, repositorio de todas las frustraciones del guatemalteco común… porque cómo la situación no cambia: por lo menos vale la pena quejarse, contra todo y todos.
El poder de la comunicación, como nunca antes en la historia de la humanidad, se ha revertido; pasó de las manos de los poderosos, de quienes están en la cúspide… a las manos de los usuarios, que esperamos algún día se conviertan en ciudadanos. Esos que todavía son hoy son usuarios, son quienes tienen la posibilidad de responder –de inmediato, instantáneamente- “al poder” institucional, con su franqueza total. En forma directa, abierta, sin filtros. Sin picaportes. Es una nueva forma de ver el mundo, por eso ahora las instituciones tendrán que hacer lo mismo: abrirse al escrutinio, al servicio, para ser devueltas a quienes les corresponden: el ciudadano común y corriente. Y si no lo hacen, serán víctimas de esa horizontalidad que proporciona la red. Porque hoy el jefe de jefes, ya no es el que está arriba, sino el que tiene un teléfono celular para quejarse, para hacer valer sus protestas, para hacerse escuchar, para protestar porque está indignado.
Incluso, para gritarle al mandamás de un país, lo que considera su verdad, como lo hizo en Nebaj recientemente. Ese consumidor de comunicación, antes pasivo, hoy se convierte en productor activo… porque ahora participa en la red, en los programas de radio, en los foros de la televisión, en los periódicos. Y se hace escuchar. ¡Ay¡ de aquel político que en la próxima campaña no se dé cuenta del poder de estos nuevos medios, porque además de las burlas y las risas generalizadas, se va a ganar muchas “madreadas”…