Esta mañana la Reserva Federal de los Estados Unidos adoptó una medida de emergencia aprobando la mayor reducción de la tasa de interés en casi un cuarto de siglo, al bajar en 0.75 por ciento la tasa de interés de los fondos federales, lo cual tiene impacto en lo que los particulares pagan en sus tarjetas de crédito, saliendo así al paso de los cada vez más fuertes signos de una recesión. La medida, lejos de calmar las aguas en las bolsas, vino a ratificar los temores que existían y que ayer hicieron que en todo el mundo se operara con pérdidas mientras las bolsas norteamericanas estaban cerradas por el feriado del Día de Martin Luther King.
La Reserva Federal se vio obligada a actuar de emergencia luego de las reacciones que en el mundo provocó el anuncio del presidente Bush de una política contra la recesión que lejos de calmar las aguas convenció a los inversionistas de que se había ya entrado en ese proceso de decrecimiento económico. El viernes pasado Bush presentó ante el mundo su propuesta para inyectar recursos en la economía y para devolver la confianza no sólo a los inversionistas sino a los consumidores, pero evidentemente su plan no tuvo el efecto deseado y sirvió, apenas, para ratificar las desconfianzas existentes en el mundo entero.
Si las economías mundiales se encuentran ahora en ascuas, la nuestra tendría que estar en sala de cuidados intensivos porque nuestros niveles de dependencia son enormes y a ello hay que agregar las debilidades propias de nuestra realidad social. Porque si algo tiene que tomar en cuenta el Gobierno es que cualquier daño económico en Guatemala se traduce inmediatamente en un impacto social muy grande porque es demasiada la población que está viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad.
En otros países con sistemas de previsión social más efectivos y niveles de inequidad menos dramáticos, la crisis económica obliga a apretarse el cinturón y prescindir de bienes y servicios no esenciales. En el caso de una sociedad como la nuestra, donde más de la mitad de la población está en condiciones de pobreza y apenas se vive en condiciones de subsistencia, el problema es que la gente tiene que prescindir de lo esencial, de lo que le sirve para sobrevivir. Y si ya tenemos ahora altos índices de desnutrición en el país, es obligado entender que una recesión, aunque sea por el coletazo de la recesión en Estados Unidos, traerá más hambre para esos guatemaltecos históricamente marginados.
Por fortuna el actual gobierno ha dicho que dará atención prioritaria a los pobres que son los que más necesitan de programas de atención, pero aun con esa visión solidaria es urgente que como Nación entendamos el riesgo que esta crisis significa para nuestros compatriotas más pobres.