El mundo de los invisibles


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Las expresiones de la desigualdad social son múltiples y variadas. Desafortunadamente existen demasiadas formas de cómo esta condición de desigualdad se expresa en nuestra sociedad y en este caso no estamos hablando de pobreza o pobreza extrema, ni de exclusión, ni de racismo, sino de una situación silenciosa pero lamentablemente dolorosa que no es muy conocida pero que daña, golpea y posterga el futuro de muchas personas.

Juan José Narciso Chúa


Sin embargo, aunque el tema de la pobreza no sea el centro de esta nota, sí es la misma condición la que provoca estos serios problemas. Me refiero a la existencia de un enorme vacío en el registro de personas, quienes por sus limitaciones de ingresos no pueden asistir a un centro de registro de personas e inscribir a sus hijos con sus nombres y sus apellidos respectivos.

El Instituto Interamericano del Niño y DEMOS hicieron un estudio sobre esta dolorosa situación en Jalapa y determinaron el enorme subregistro, además contribuyeron con orientarlos para llegar al Renap más cercano con su tarea de registrar a su familia.

Los casos son ejemplificadores, pero también muestran que este fenómeno no es nuevo, ni tampoco de ocurrencia reciente. Al contrario, con los casos que se dieron seguimiento en la investigación se encontraron que familias completas no cuentan con ningún registro de sus nombres y apellidos, con lo cual, los abuelos, los padres y los hijos, no existen, son parte de un grupo de población invisible, unas personas sin nombre, unos padres sin identificación y unos hijos sin ninguna identidad.

Si tanto se ha denunciado el hecho que la condición de ciudadanía plena, no se adquiere únicamente con la obtención del actual Documento Personal de Identidad, DPI, si al final ese ciudadano que se registra, no goza de todos los derechos a los cuales según la Constitución Política establece como la salud, la educación, la seguridad alimentaria, la seguridad social y otros, con lo cual termina como un ciudadano pero de segunda o tercera clase, por la precariedad de su condición, acentuada por un Estado que no cumple con su obligación de bienestar general.

Los partidos políticos y el Tribunal Supremo Electoral, también eluden este problema o ni lo reconocen porque para ambos lo importante son aquellas personas que votan y este sólo es uno de los derechos civiles, pero en realidad existen ciudadanos que aún inscritos como mayores de edad, deambulan por la vida sin condiciones para introducirse en el mercado laboral o se quedan sujetos a mecanismos de perpetuidad de pobreza sobreviviendo en la agricultura.

Igualmente en el caso de estas personas que no cuentan con un registro como personas, al final, no existen, al no tener un registro personal, no pueden inscribirse en el sistema educativo público, pues ¿cómo se van a identificar?, tal vez los inscriben pero al terminar un ciclo necesitan las certificaciones correspondientes y cómo se las van a otorgar si no tienen nombres registrados.

Una masa enorme de un mundo de invisibles que no se puede permitir. Hoy el Renap lo está asumiendo afortunadamente, ojalá consiga reducir esta dolorosa condición de los “sin identidad”.