El morbo domina los comentarios sobre renuncia papal


Oscar-Clemente-Marroquin

Siempre he pensado que la Iglesia Católica, como cualquier conglomerado humano, tiene luces y sombras y he criticado muchas veces la actitud de la jerarquía al encerrarse en una especie de concha para rechazar cualquier crítica bajo el concepto de que se trata de ataques sistemáticos contra la fe. Los justificados escándalos que en distintas partes del mundo se han visto por los casos de pedofilia cometidos por sacerdotes o religiosos, lejos de abrir los ojos a la Iglesia sobre sus propios vicios y pecados, hizo que se agudizara el encierro y todo señalamiento fue repudiado como si fuera parte de una conspiración para dañar a la Iglesia.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Ese gravísimo error, que llevó a la jerarquía a apañar a los curas que abusaban de niños protegiéndolos del escándalo, con lo cual permitió que siguieran haciendo tropelías gozando de una especial cobertura porque eran trasladados a otras parroquias donde encontraban nuevas víctimas de las cuales aprovecharse, hizo un daño enorme. Porque era imposible mantener oculto un problema de tal magnitud, con todo y que el porcentaje de curas abusadores no era abrumador en comparación con la cantidad de curas correctos y que actúan como verdaderos ministros de la religión.
 
 Benedicto XVI tuvo un cambio de actitud y planteó la política de cero tolerancia frente a los abusos sexuales cometidos por los curas, pero el daño ya estaba hecho a lo largo de muchos años de indiferencia y complicidad de los obispos para tapar a sus sacerdotes que cometían excesos.
 
 Si a ello sumamos que también el dinero es un factor importante dentro de la política de la Iglesia y que en ella también hay ambiciones y manejos turbios que se ven alentados especialmente por el secreto que cubre todas las operaciones financieras del Vaticano, entendemos por qué hoy, cuando tendríamos que estar viendo desde una perspectiva diferente la renuncia del Papa, vemos que el morbo puede más que cualquier otro análisis y reflexión, porque al fin y al cabo se están ventilando públicamente temas que han sido tabú por decisión que tomó el clero en su momento.
 
 Y como todo es secreto, se puede especular con cualquier cosa y se puede publicar lo que a uno se le antoje porque no hay forma de corroborar los hechos. La prensa en estos días se ha convertido en una especie de gigantesco blog, de esos que Internet facilita en donde se puede decir cualquier cosa sin necesidad de probar la veracidad de una afirmación porque las nuevas reglas de la información alientan esa expresión libertina del derecho a la información. El Vaticano no tiene los mecanismos de defensa para refutar los señalamientos en contra de la Iglesia porque su estructura informativa tiene un diseño orientado, a lo largo de siglos, a evitar el traslado de noticias francas a la población. El velo de misterio que ha cubierto desde siempre a las religiones es ahora uno de los elementos que hacen más vulnerable al Vaticano y a la Iglesia Católica ante las abrumadoras críticas que se formulan en medios de comunicación de todo tipo y orientación.
 
 Siempre he pensado que no hay mejor antídoto contra la maledicencia que la más absoluta transparencia y eso no ha existido en el catolicismo, lamentablemente, porque se pensó que la Iglesia siempre sería objeto de malsanos ataques y se negó validez a señalamientos tan sólidos como los de pedofilia. Cuando se ha negado una verdad tan obstinadamente, cualquiera queda desarmado al momento de tener que enfrentar una feroz campaña de desprestigio como la que se lanza contra la Iglesia y contra el Papa en estos días.
 
 Por supuesto el catolicismo ha vivido terribles crisis y de todas ellas ha salido bien librado y con fe, oración y apego a la verdad, de esta puede salir también fortalecido.