Los sectores populares seguirán en las mismas paupérrimas condiciones y quizá peores durante el próximo período gubernamental, puesto que persistirá el modelo neoliberal con cualquiera de los candidatos presidenciales ílvaro Colom, Otto Pérez Molina o Alejandro Giammattei, quienes puntean en las encuestas, porque los tres están ligados con las grandes corporaciones que han regido los destinos del país desde 1954, con la caída del presidente Jacobo írbenz, derrocado por fuerzas mercenarias al servicio de la CIA norteamericana.
Al menos a esa conclusión se arriba al leer el más reciente Informe Guatemala de la Fundación de Desarrollo Social, Cultural y Económico (DESC), que afirma que a diferencia de 2003, cuando el gran capital apoyó unánimemente al ahora presidente í“scar Berger, la característica de las elecciones del año en curso consiste en que los financistas y los poderes fácticos se distribuyen entre el trío mencionado
Al entrar en detalle, el análisis de la DESC confirma que el candidato de la UNE es el favorito para ganar la primera vuelta electoral, convirtiéndole por ello en un imán del financiamiento en efectivo y en especie de «la gente que suele o aspira a tener negocios con el Gobierno».
El candidato Colom hizo un movimiento táctico notable al acercarse a las grandes corporaciones oligopólicas que mantenían dudas acerca de él, y por eso escogió como compañero de fórmula al médico Rafael Espada, muy cercano a la familia Bosch Gutiérrez de Multi-inversiones, además de haber sostenido amigables reuniones con azucareros e industriales.
Señala el documento que un gobierno presidido por el candidato de la UNE integraría un Gabinete que en el área económica asignará a tecnócratas cercanos a las corporaciones, sobre todo porque el ámbito de negocios de sus financistas se vincula con la infraestructura, la compra de medicamentos y la energía.
En el caso de Pérez Molina, quien al haberse consolidado en segundo lugar en las encuestas se prevé que pasará a la siguiente ronda, se indica que ha tenido una ruta sinuosa en su relación con los grupos corporativos, otros actores de capital y el mismo Ejército; sin embargo, desde 1993, cuando desempeñaba el cargo de director de Inteligencia Militar, se identificó como operador del grupo Multi-inversiones.
Con su partido Patriota integró la coalición de la Gana, pero al separarse del gobierno del presidente Berger, el general Pérez fue tomando distancia de los grupos corporativos, hasta que entró en franco choque con algunos de ellos por haber auspiciado la defenestración del industrial Carlos Vielmann en el Ministerio de Gobernación.
Pero al igual que Colom, el candidato del PP buscó un reencuentro con esas corporaciones, y prueba de ello fue la designación del industrial Ricardo Castillo como su candidato vicepresidencial.
En vista del paralelismo electoral entre ambos, el gabinete de Pérez Molina podría ser intercambiable con el de Colom, aunque habría diferencia de selección y énfasis en políticas de seguridad y social; pero, en todo caso, la influencia de las grandes corporaciones es un hecho.
Respecto al candidato presidencial oficialista Alejandro Giammattei, tercero en la mayoría de las encuestas de opinión, goza de los apoyos financieros y logísticos del Gobierno. Obvio. Tiene la publicidad más expansiva y dinámica entre todos los pretendientes a suceder al presidente Berger, y a pesar de su volcánico temperamento, para las corporaciones ha resultado el más disciplinado y confiable aspirante presidencial.
Señala el informe de la DESC que se podría adelantar que de triunfar en las elecciones, el candidato de la Gana integraría un gabinete con alta influencia de las corporaciones, aunque también se rodearía de un equipo de colaboradores de confianza individual. Sin embargo, ?puntualiza-, para Giammattei los negocios no están fuera de su horizonte personal y político, y su autoridad despertaría constantes temblores de gabinete, de manera que una campaña de proselitismo electoral, calmada y dócil, como la que realiza podría convertirse en un ejercicio de poder tormentoso en vista de su temperamento.
El análisis también incluye a los otros candidatos; pero en resumen se podría aseverar que entre los tres punteros no se vislumbra ningún cambio que favorezca a las marginadas clases más vulnerables de la población.
(Un infatuado candidato presidencial, en su intento de congraciarse con los miembros de una asamblea de hombres de negocios, exclama: -¡Yo me hice a mí mismo! El financista Romualdo Money le pregunta a voz en cuello: -¡¿Y quién fue el imbécil que lo interrumpió?!)