El mismo escenario


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Ya no es sorpresa. Nadie se inmuta siquiera. Es más, disimulamos ante el mismo escenario de lo insólito. O quizá ni nos percatamos. Las que lo denuncian son temáticas, histéricas o acomplejadas. Hay que decirlo de a poquito, decí­a mi abuela, porque acá no estamos preparados para escuchar “ciertas verdades”. Así­, la historia continúa, sigue su camino cómodamente excluyente, y es más fácil tildar de radicales a quienes defienden la democracia paritaria. ¿Cómo entender la democracia si no así­? Es la pregunta del millón, con la respuesta de muchí­simos paí­ses que comprendieron a tiempo que la inclusión es responsabilidad de Estado, obligación de todo sistema polí­tico y promotora de prosperidad.

Anabella Giracca
masmujeresmejorpolitica@gmail.com

 


A pesar de ver la cantidad de vallas publicitarias, durante este último perí­odo electoral, con el rostro de mujeres indí­genas junto a todo tipo de candidatos, el resultado fue contundente: no rebasa el 7% la participación de mujeres a cargos de poder (diputaciones, Parlacen y alcaldí­as). El juego por parte de partidos polí­ticos es perverso: hacen uso y abuso de la diversidad para luego aterrizar en el mismo escenario hegemónico. Al parecer, en nuestra polí­tica seguiremos viendo mayoritariamente como perfil de género a figuras masculinas y ladinas.

En el imaginario (conjunto de imágenes) hay inclusión y hasta abuso de las mujeres, pero jamás olvide que el imaginario es virtual. Si fijamos nuestra atención en lo verdadero, la mujer no se visualiza ni en un 8% en los cargos de poder. Pura realidad.

Pero estamos ante un año nuevo, repleto de probabilidades, de retos y capacidades. Estamos a tiempo de concentrar y proyectar nuestros esfuerzos para que con la obligatoria reforma de la Ley Electoral y de Partidos Polí­ticos, se promueva la añorada paridad. Que todos los partidos polí­ticos estén obligados por ley (ley de cuotas) a la inclusión. Que no dependamos de más pretextos. Que por ley tengan que sentarse a dialogar, a escuchar los aportes que proceden de la pluralidad. Que obligatoriamente, los partidos tengan que alternar equitativamente a mujeres e indí­genas en sus listas a diputados, por ejemplo.

Ya vimos que por la ví­a de la voluntad esto no cambiará significativamente. Ya vimos que por la ví­a de la voluntad, las dinámicas racistas y machistas se reactivan sistemáticamente en la polí­tica. Suelen disfrazarse de actitudes, valoraciones y prácticas que, de muchas maneras, justifican dominación y agresión. Entre ellas: la marginación, el machismo, la omisión, la invisibilización del “otro diferente”, la burla,  los prejuicios, la segregación, la exclusión, la homofobia, el paternalismo y los estereotipos. Pringan el mapa polí­tico únicamente de algunos rostros “bonitos” (palabras de la misma vicepresidenta electa al presentar a la nueva vocera presidencial) ¡por Dios!

Estar haciendo cola en la eterna fila de los excluidos ya no debe de ser opción. No más sentarse a mendigar espacios tradicionales para indí­genas o mujeres. El paso al desarrollo empieza por ahí­: por la indignación. Por entender que todos los pueblos tienen los mismos derechos, y que la paridad en el poder debe ser ley. ¿Tan complicado de visualizar?