Al encender antorchas en el pebetero del monumento a los próceres dio inicio el mes patrio (1 de septiembre). Voz popular es que debería celebrarse todo el año. Interiorizar de modo permanente el amor, el invariable respeto a nuestros símbolos; expresiones conductuales referidas a su defensa, sin excepción alguna. No, a todo aquello que busca el deterioro nacionalista.
Existen diversas formas de hacerlo con fervor entrañable, sencillas, pero significativas en esencia. El personal que hacer ungido de cariño, significa actuar honestamente, por los senderos del bien durante el mes septembrino, dedicado en definitiva a pulmón abierto aquel esfuerzo en su homenaje, alejado de cuestiones pálidas, incoloras e intrascendentes en demasía.
El hogar y la familia son genuina fuente, de donde emana gloriosa la formación cívica en Dimensiones valiosas en esencia sublime; el conocimiento -histórico auténtico, piedra angular, capaz de cimentar en gran valía los pasajes reales del proceso que ha dado sustento al desenvolvimiento, paso a paso, carente de crónicas malintencionadas, en menoscabo de la historia.
Pesa demasiado el rol de la escuela, tocante también a la enseñanza fidedigna de tal efemérides sublime. Que la metodología y asignaturas complementarias en unión, que hace la fuerza, tengan el deber ineludible y el compromiso de enseñar a pensar, según tendencia muy en boga hoy en día cuyo resultado forma en el alumnado más y mejor inclinación por el libre albedrío.
Visto está la valiosa función desempeñaba por las féminas en condición de madres y maestras por naturaleza importante. En el devenir de los días bajo su tutela, orientación consecuente, coopera grandemente a revitalizar los cimientos de valores cívicos y patrióticos. Aun significando un múltiple esfuerzo, la patria agradecerá a las mismas ese aporte de dimensiones dobles.
Respecto a la población en general, donde no cabe términos como discriminación de calibre diverso, tampoco el racismo todavía ejemplo del apoderamiento milenario, una verdadera piedra en el zapato, debe desaparecer más antes que después. Y de consiguiente, deberán sumarse a esa noble tarea en favor de la guatemalidad, ansiosa de tener exponentes en su merecedor rol.
Todos quienes vivimos bajo el cielo chapín bajo su alero generoso, asumimos de hecho el deber de poner en práctica real, inconmovible mucho amor y pleitesía, junto al respeto mayúsculo en el diario acontecer del mes patrio. Nada ni nadie deberá estar exento del aludido compromiso, verdadero deber por lo mucho que tiene Guatemala y espera de cada uno de nosotros.
Que el mes patrio deje un gigantesco amor a su servicio, mayúsculo respeto y defensa al país en el 192 aniversario de su emancipación política de España, marcan las pulsaciones del corazón de fiesta; nuevos aires limpien definitivamente todo lo malo, destructor y deprimente en los pechos de una nueva Guatemala, libre, soberana e independiente totalmente por siempre.