Ocupa posición especial entre las tradiciones del colectivo nacional. Razón por la que su presencia significa pluralidad de grandes expectativas. Todo un mes consagrado a rendirle homenaje y testimonio de viva devoción, bajo la advocación de Virgen del Rosario, donde esplende la práctica con hondura recurrente del ejercicio espiritual mismo del Santo Rosario.
Admirable exponente, creciente, de la religiosidad guatemalteca. Icono verdadero apoderado del corazón, en el amplio sentido del término, rebosante y dominante de nuestras clases sociales. Hay una notoria unidad que exalta a María, excelsa madre de Dios y nuestra también. A tiempo de impresionar e impactar a millares de fieles que acuden a pedirle su intercesión.
Esa condición a través de diversas como sucesivas generaciones provocan además de motivar el hecho ponderable, consistente en llenar los espacios físicos de la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario. Aunque en el alma de una inmensa mayoría continúa latente en la mente el nombre de templo de Santo Domingo, sin desestimar, menos suplantar ni uno ni otro.
En la conciencia de los compatriotas, a la cabeza creyentes convencidos está cimentado a fondo que los eventos realizados durante el año pueden faltar. Pero en definitiva, jamás deberá hacer mutis por el foro las conmemoraciones solemnes del Mes del Rosario, desarrolladas en el sitio histórico donde se yergue imponente la Basílica en mención, su atrio y estatuas de Colón y fray Julián Riveiro y Jacinto.
La sobreestima gana espacios conmovedores al contemplar su fachada majestuosa, no digamos el ambiente único en su interior. Sus bóvedas y el altar mayor sirven de trono a la Virgen María y al Niño dormido en sus brazos; vemos realeza a título de Patrona de la Ciudad y gozos en situación contemplativa. Propicia para implorarle su mediación en demanda de auxilio patente.
Los sentidos, a decir verdad, quedan asombrados ante tantísima devoción perceptible de un pueblo de rodillas, implorando favores. La ornamentación luce a plenitud, gracias a manos piadosas y fervientes, encargadas previa inspiración debida de transformar por completo aquel recinto, en verdadero as de corazones. Luces, cortinajes, candelas y un auténtico jardín.
Diversas edades, condición social, atuendos, rostro reflejo de peticiones a la Virgen del Rosario durante el mes de octubre, sintetizan, mejor dicho son el denominador común definitorio. Cabe enfatizar acerca de la presencia multitudinaria de fieles devotos de Nuestra Señora en forma permanente, desde horas del alba hasta cuando el horizonte se tiñe de oscuridad cada vez.
Invade el sacro recinto en condiciones hermanadas, en la firme esperanza que algún día de la existencia esto pueda ser hermosa realidad, bajo el manto y sus brazos con el Niño, en beneficio común. Que la advocación sublime de la Virgen del Rosario sea por siempre un baluarte, capaz de solucionar y proteger la infinidad de ruegos de miles y miles de devotos suyos.
Un auténtico imán, cuyo efecto trascendental presenta como muestra efectiva y medible día a día en la devoción inconmensurable de fieles devotos, a la espera del citado Mes del Rosario. Evidente es que las peregrinaciones a la Basílica dominicana no se limitan a la capital. Participan también en similar condición, pobladores del interior circunvecinos también de la ciudad.
Otras imágenes en homenaje a la Reina del cielo, con su presencia son componentes visibles, causantes del invariable folclor que adiciona su cuota anual. Quema en cantidades industriales de pólvora, sean bombas voladoras, y restantes juegos artificiales como petardos abundantes en el atrio y cercanías. Cofradías también contribuyen para mayor realce con bailes típicos.
Y para cerrar con broche de oro, pese a entorpecer el parque vehicular creciente y desordenado, no puede olvidarse la instalación durante todo el mes de puestos de golosinas, con énfasis en la gastronomía guatemalteca. Igual que años anteriores en extensa sumatoria complacen los gustos en general, no así lo concerniente a precios en aumento, a tono con el alto costo de vida.