El mate cobra forma de escultura


La tradicional infusión con hierba de masivo consumo entre los uruguayos dará paso este domingo a la inauguración del monumento al mate más grande del mundo, en el marco de la quinta Fiesta Nacional del Mate que se celebra desde este viernes en Uruguay.


Forjada en hierro y hormigón, la escultura de 4,70 metros de alto por 2,50 metros de ancho fue calificada por su creador como «una intervención urbana en un entorno plástico a la altura del peatón, con posibilidad de recorrerla y apropiarla».

La misma se erige en el Parque Rodó de la ciudad de San José, 90 km al noroeste de Montevideo, sede de la celebración que coincide con la conmemoración del «Dí­a del Gaucho», tí­pico personaje a caballo que habitó las zonas ganaderas de Argentina, sur del Brasil y Uruguay en el siglo XVIII.

El artista y arquitecto Gonzalo Mesa indicó que su obra «representa en forma abstracta los elementos que componen el fenómeno mate, a través de una silueta en forma de recipiente y su bombilla, que emergen de una mano con formas sugeridas en oquedades y relieves».

Completan el paisaje plantaciones de arbustos de hierba mate y moldes de hormigón insertos en el pavimento, con formas de pavas (calderas), termos y bombillas.

El ornamento será descubierto el domingo, precedido de un desfile de caballerí­a gaucha y un posterior asado con cuero, clásica parrillada uruguaya compuesta por carnes y achuras (ví­sceras de res) asadas a las brasas.

Unas 30 mil personas se estima que presenciarán el festival, que animarán entre otros la cantante folclórica argentina Soledad y los uruguayos Jorge Nasser y Numa Moraes.

Proveniente del quechua (pueblo aborigen de Perú) mati, el mate debe su nombre a la calabaza que le sirve de envase o recipiente, en la que se coloca la hierba y se sorbe a través de la caña o tubo metálico denominado bombilla.

La infusión se toma frí­a («tereré») en Paraguay y en el estado brasileño de Mato Grosso do Sul (centro oeste), y caliente («mate» en español y «chimarrao» en portugués) en Rio Grande do Sul (sur de Brasil), Uruguay, Argentina y sur de Chile; tanto amarga -en su sabor natural- como dulce, si se agrega azúcar.

El hábito de origen indí­gena llegó a ser prohibido en Sudamérica por las autoridades eclesiásticas en el siglo XV, por considerar pecaminoso su consumo.

Empero, lejos de debilitarse la costumbre se arraigó plenamente en el medio rural y adquirió un fuerte arraigo popular al punto de convertirse en emblema de identidad nacional.

Uruguay es porcentualmente el mayor consumidor de hierba mate del mundo, comprendiendo al 85% de la población de 3,4 millones de habitantes, según una encuesta divulgada por la consultora Factum.

Sin embargo, no produce la ilex paraguariensis, nombre latí­n de la especie propia del sur de Brasil, el este de Paraguay y nordeste de Argentina, sino que importa 30 millones de kg por año de la hierba ya procesada, de los cuales exporta 400 mil kg anuales a los uruguayos residentes en el exterior.

Su popularidad rebasa los lí­mites del sabor, las costumbres y las propiedades de protección antioxidante a nivel celular y molecular comprobadas por los especialistas, para dejar su huella como ví­nculo social.

«Tras el ademán litúrgico de preparar, cebar, y tomar mate hay una concepción del mundo y de la vida (…), el mate vence las tendencias aislacionistas del criollo y empareja las clases sociales», sostiene el sociólogo y antropólogo uruguayo Daniel Vidart.