El manual definitivo para artistas torpes


Guillermo Habacuc Vargas.

¿Cuándo visita algún museo le asalta la sensación de que «eso» lo podrí­a haber pintado usted?. ¿Siente irrefrenables deseos de arrojar pintura encima de muchas de las obras que ve expuestas?. ¿Le gusta utilizar palabras como transgresor, utópico, simbolismo o conceptual? Si la respuesta es sí­, siga leyendo porque tenemos la guí­a definitiva para que usted, sí­ usted, logre triunfar en el difí­cil mundo del arte de vanguardia.


Nunca ser reconocido en el mundillo artí­stico fue tan sencillo gracias a esta magní­fica guí­a que ahora le ofrecemos en exclusiva mundial. Gracias a estos 10 sencillos consejos usted podrá, en muy poco tiempo, codearse con la élite artí­stica y disfrutar del reconocimiento de la crí­tica especializada.

No importa su experiencia anterior, ni su falta de estudios artí­sticos, pues gracias a estos diez sencillos consejos usted progresará fácilmente en la ascensión definitiva al Olimpo de los genios del arte de vanguardia. Niños, jubilados, amas de casa; todos pueden ser artistas de fama mundial.

Y dentro de esta sensacional oferta de lanzamiento le ofrecemos tres ejemplos prácticos de reconocidos artistas que lograron la fama gracias a estos increí­bles consejos. No lo dude más, siga leyendo y conviértase ya en un gran artista contemporáneo.

DIEZ CONSEJOS GENERALES PARA EL ARTISTA CONTEMPORíNEO

1.- Obviamente ninguna receta para hacer una obra de arte particular funciona si usted ya no es previamente un artista, por lo menos debe tener contactos con gente que ya es artista. Más que la obra de arte lo importante es que lo reconozcan como artista. Así­ que usted debe haber estudiado arte por lo menos, o ser famoso por algo. La gente que no es nada de eso, no es que no pueda, sino que debe esforzarse más siguiendo los nueve consejos restantes.

2.- Es de importancia radical que su trabajo esté acompañado de una justificación conceptual profunda que ojalá se conecte con aspectos esenciales, crueles, injustos, horribles o simplemente poco normales de su biografí­a personal o de la biografí­a de la sociedad en que usted vive: usted esta en búsqueda de algo, explorando algo, considerando algo, criticando algo, tematizando algo, denunciando algo, apropiándose de algo, sufriendo algo. Si usted, para dar un ejemplo muy básico, hace una serie de esculturas de penes de colores (estilo Warhol), entonces usted realmente no esculpe penes de colores, usted lo que hace es «explorar el tema de lo masculino».

3.- Entre más palabras complejas y sinuosas utilice para describir ese algo que le interesa pues mucho mejor. Acompañe toda descripción de lo que hace con palabras que demuestren tautológicamente el poder artí­stico de su obra. Palabras como «creativa», «simbólica», «deconstructora», «exploratoria», «transgresora», son eficaces pues con sólo oí­rlas uno ya cree que se encuentra en frente de algo importante desde el punto de vista estético contemporáneo. Puede así­, en el lí­mite, crear un movimiento artí­stico nuevo fácilmente. Al fin y al cabo si hay algo que sobra en este mundo son ideas estúpidas.

4.- í‰ste es un recurso maravilloso: saque las cosas de contexto, es decir, simplemente coja cualquier objeto cotidiano o fantochada y póngala en la sala de un museo o en cualquier otro espacio donde generalmente usted no espere verla. Hay que aprender del maestro… Duchamps. Obviamente que si la gente ve una horrible y triste realidad cotidiana en la sala de un museo o un objeto muy cotidiano como unas toallas higiénicas usadas bien sanguinolentas encima de un platico con florecitas en la Sala Principal de la Bienal de San Patricio eso generará polémica, rechazo e interés de los académicos de variopintas áreas (un grupo de alemanes vestidos de Ku Klux Klan caminando por las calles de un barrio de negros en el corazón de New York es una jodida obra de arte). En pocas palabras, la gente hablará de usted. El éxito esta garantizado. Tenga fe en los crí­ticos.

5.- Sepa que lo importante no siempre es lo que usted coloca en la obra, sino que muchas veces lo más importante será lo que no se encuentra en la obra. De esta manera, siempre puede apelar al resto del universo fí­sico e ideacional (a ese macroconjunto complementario de la obra.- para encontrarle más significados y contrarrefutar a los que la critican o a los que ven en lo que usted hace una tonterí­a. De hecho, si lleva esta idea al lí­mite, su obra de arte no serí­a lo que usted coloca en una instalación (puede incluso ser un espacio vací­o) sino el resto del universo fí­sico y social. Esto incluye que cualquier reacción (es mejor decir «efecto post traumático») que la gente pueda tener, después de contemplar su obra, es parte de la obra (sea una reacción buena, mala, de escándalo, de indiferencia). Pueden suceder varias cosas. Por ejemplo, si usted pudo predecir la reacción eso muestra su genialidad y confirma sus sospechas estéticas. Si por el otro lado la reacción es imprevista, entonces eso muestra que su obra es tan creativa y autónoma que ni usted la puede controlar. Si la gente se escandaliza y dice que lo suyo no es arte, entonces diga que su obra de arte consistió precisamente en «explorar los lí­mites de lo artí­stico»… Siempre funciona. Es decir, no importa qué suceda, usted siempre gana.

6.- Insistimos en que obviamente todo debe ir acompañado con argumentos bien complejos. Haga uso de cualquier concepto filosófico, económico, religioso, histórico, polí­tico, antropológico que pueda encontrar. Ahora bien, lo importante no es que la obra sea la manifestación de un concepto o una idea, sino que se encuentre en los lí­mites de dos conceptos o ideas en conflicto (el único conflicto entre los dos puede ser la propia obra). Eso le dará a la obra una tridimensionalidad conceptual y un dinamismo crí­tico innegable. Lea mucho, o mejor, deje que los crí­ticos lean por usted, dedí­quese únicamente a hacer (o a no hacer) y guarde silencio. Los crí­ticos harán el trabajo sucio, y si le preguntan haga comentarios más ambiguos, extraños e indescifrables que los que hacen los mismos crí­ticos cuando hablan de su obra.

7.- Usted en el fondo sabe que todo lo que hace es una basura o sea que un poco de ironí­a sobre su propia obra ayuda cantidades, pues lo cubre a usted de un halo intelectual de sinceridad artí­stica que lo hará más interesante.

8.- Cualquier idea estrafalaria, puerca, escandalosa, ridí­cula, polémica, antisocial que usted pueda realizar con su propio cuerpo es una obra de arte, un «performance». O si hace alguna cosa vándala y destructora sobre un lugar u objeto público entonces es una «intervención». El único requisito es que se encuentre la obra acompañada de dos párrafos bien poéticos o profundos que la describan, escritos por usted o por sus crí­ticos (de nuevo muchas veces lo mejor es dejar que los otros interpreten lo que uno hace: los crí­ticos y los profesores son los que mandan). No lo dude con esa idea heterodoxa, el éxito lo dirá. Lo importante es que se le ocurra a usted primero y que sea capaz de circunscribir un momento, un lugar y unas condiciones bien precisas para que su burrada se transforme en obra de arte.

9.- Sea valiente. A muchos se le ocurren estupideces, tal vez porque son bobos o porque son enfermos mentales o resentidos o porque simplemente se lo proponen. Pero sólo pocos tienen el valor de exponerse a sí­ mismos (por convicción artí­stica o por un afán pragmático, da igual) y correr con el riesgo de ganar fama, prestigio y dinero, o ser en cambio olvidados para siempre. De todas formas, siempre puede escudarse usted en que es un artista incomprendido. Recordemos a Nerón y sus pantomimas mortales.

10.- Si después de seguir los 9 consejos anteriores aún no ha logrado reconocimiento como artista, entonces por favor no se deprima. No dude que eso ocurre simplemente porque no hay espacio en las galerí­as para usted, ya que otros muchos desocupados siguieron también estos sabios consejos.

RECETAS CONCRETAS PARA OBRAS DE ARTE CONTEMPORíNEO


Receta artí­stica Tipo A: Agarre un perro de la calle, amárrelo a una cuerda en una galerí­a de arte, tómele unas fotos, haga correr el chisme que la obra de arte fue dejar morir al perro de hambre, y deje que el asunto trabaje sólo… Que los medios de comunicación hagan el resto. Después diga que la obra de arte no fue propiamente hablando la instalación con el perro, sino toda la barahúnda de crí­ticas y cartas ofensivas que usted recibió, y que el asunto era mostrar la hipocresí­a de la gente que, cuando ve a un perro moribundo por la calle, no hace nada (así­ pasó con un mendigo que murió frente a las cámaras de TV devorado por perros y nadie dijo nada tampoco). Sólo falta que coloquen el perro en una galerí­a para que todo el mundo llore, maldiga y se arranque las vestiduras. Obviamente no es necesario que el perro realmente muera.