Era obvio que una de las primeras medidas que tendría que tomar el nuevo gobierno era la del manejo de la información oficial porque en este gobierno la locuacidad del presidente Berger marcó un hito en el tema porque nunca habíamos tenido un mandatario que ofreciera prácticamente todos los días conferencia de prensa y a veces hasta dos o tres en un mismo día. Por supuesto que eso significó también que el gobierno mantuvo una información dispersa, incoherente y en buena medida poco efectiva, porque entre tanto que dijo el mandatario ya no hacía falta que hablara ningún ministro si él opinaba sobre cualquier cosa que se le preguntara.
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Definitivamente no volveremos a tener, creo yo, otro gobierno en el que el manejo de la información pueda ser siquiera parecido al que vimos en este período que está por terminar. Y para los periodistas es una lástima, porque obviamente era fácil conseguir noticia si el Presidente de la República hablaba todos los días y sobre cualquier tema que le preguntaran, pero para un país que realmente necesita saber qué está ocurriendo y cómo están las cosas, es mejor que exista un flujo coordinado. Y aparentemente el gobierno del presidente electo no tiene mucha confianza en la habilidad política de sus funcionarios y por ello ha dispuesto no exponerlos al contacto con los periodistas, para evitar así deslices y contradicciones que puedan causar algún daño, sobre todo en el inicio de la gestión y mientras van aprendiendo su oficio.
Como siempre, hay que esperar un cambio en la actitud de los funcionarios, porque cuando están haciendo política son obsequiosos con la prensa y media vez ocupan el cargo, sienten que cualquier crítica que se les formula es mal intencionada y con segundas o terceras intenciones. No es lo mismo leer la prensa desde la perspectiva del político que hacerlo desde la peculiar y más estrecha visión del funcionario que, una vez investido de autoridad, cree que es el único que lo sabe todo, que lo entiende todo y que puede interpretar correctamente la realidad nacional porque todos los demás, los no «iniciados» en el ejercicio del poder, son ignorantes o gente con malas intenciones.
En principio yo creo que la decisión de Colom de centralizar la información es correcta porque no puede seguir ese tipo de desorden provocado por el mismo mandatario al hablar más de la cuenta. Cuando se habla mucho, se mete mucho la pata y al final de cuentas pierde peso el valor de las opiniones expresadas. En cambio, manejando con prudencia el tema, puede ser que cada vez que el mandatario haga saber su opinión sea más impactante e influya más en el acontecer nacional que si anda de inauguración en inauguración y opinando desde cuestiones del clima hasta complejidades monetarias como si se tratara de las mismas cosas.
Por supuesto que hará falta un buen equipo bien conformado con varios expertos para centralizar toda la información oficial y eso hará que los periodistas tengan que ser más acuciosos porque deberán buscar la información y no salir a cualquier inauguración para conseguir la noticia del día. Y no bastará con que sectores militares estén nutriendo de información a los periodistas «de investigación», sino que hará falta un buen trabajo de carpintería que no le caerá nada mal al periodismo nacional.