El lugar donde nunca amanece


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El tí­tulo de la nota de hoy responde al tí­tulo de una historia que hace referencia a un momento inolvidable en un espacio de tiempo sin tiempo y en un lugar donde nunca jamás, una pareja buscaba alargar el tiempo de estar juntos y prolongarlo a toda una vida y para ello se sentí­an felices de que ahí­ era el lugar donde nunca amanecí­a, pero llegó el amanecer un tanto atrasado con lo cual su sueño de permanencia para siempre se desvaneció, pero la esperanza de encontrar otro lugar en donde nunca amanece y siguen buscando para siempre.

Juan José Narciso Chúa

 


Esta descripción resumida tiene una analogí­a con nuestro paí­s, en el sentido que todos los guatemaltecos, contrario a la historia, buscamos que después de una noche larga, en la cual hemos estado dormitando por espacio de veinticinco años de democracia, pareciera que efectivamente nunca amanece, principalmente que nos hemos dormido desde el año 1986 con la esperanza que durante el sueño de cada régimen, despertemos con muchas cosas cambiadas para el bien de todos.

Pero pareciera que únicamente estamos bien cuando soñamos y al despertar del otro dí­a decimos, como la recordada canción de los Pasos, de España: “Ayer tuve un sueño” y en los mismos términos que la misma invocaba un cambio fundamental en la situación polí­tica, económica y social y en el delirio del sueño dirí­amos “…ayer tuve un sueño, fue sensacional, los pueblos viví­an en paz, nadie pensaba en engañar pues existí­a la amistad,  nunca he soñado nada igual…”

Entre la historia y la antañona canción de los Pasos, la analogí­a con nuestros espacios de irnos a dormir y el despertar cada cuatro años de nuevos regí­menes de gobierno, quisiéramos que efectivamente nunca amaneciera pues los resultados de cada ejercicio democrático nos deja con un enorme sabor amargo, algunos despertares peores que otros y así­ nos vamos a dormir con la esperanza que las cosas cambien en cada régimen, pues en cada elección, los responsables polí­ticos de conducir el paí­s nos ofrecen de todo, todo el tiempo; nos seducen con las transformaciones largamente esperadas; con los cambios fundamentales en la sociedad; con las brechas de salud, educación, seguridad social, vivienda y seguridad ciudadana resueltas, después que ellos asuman el gobierno.

Pero como la pareja, serí­a mejor que en ese lugar nunca amaneciera, pues nos encontramos con frustración de la realidad y donde la matriz social  sigue profundizándose en la desigualdad, hundiendo a más y más personas en la pobreza y la pobreza extrema; se continúa postergando la igualdad de todos los ciudadanos sin discriminación de raza principalmente con los pueblos indí­genas; se continúan acentuando las diferencias entre las realidades urbanas y rurales; se sigue abriendo la brecha entre hombres y mujeres; el mercado del empleo sigue siendo totalmente desigual y la mayorí­a de personas se adentran en el mercado informal del trabajo, derivado de la exclusión del mercado informal.

Sin duda es mejor no amanecer en este lugar afable y cariñoso y ese inolvidable espacio de tiempo de los amantes, para seguir soñando que “…todo era verdad y respiré felicidad, pensé quedarme siempre ahí­ y al despertar entristecí­â€¦â€ y ello nos ocurre otra vez, cuando nos vamos a dormir nuevamente bastante decepcionados de este régimen que termina muy mal y que parece un fantasma, para esperar en el sueño de esta nueva noche que amanezca en este lindo paí­s, pero con mejores condiciones de vida para todos los habitantes y que se consoliden las relaciones sociales en la búsqueda del bienestar; en donde se alcancen acuerdos de gobernabilidad que permitan romper el férreo anillo de las élites; en este nuevo lugar en donde los polí­ticos entiendan que su responsabilidad es con el pueblo y no únicamente con los negocios, en donde se rompan las formas mercantilistas de mercado y oligopólicas y los beneficios del desarrollo únicamente llegan a un grupo reducido de ciudadanos.  Tal vez ahora los guatemaltecos como los protagonistas de la historia sueñen alargar el amanecer para encontrarse con una sociedad distinta, una forma de gobernar diferente y, como la canción, procuraré no despertar.  Ojalá.