El loco


¿Dónde puedo encontrar un hombre

gobernado por la razón y no por los

hábitos y los deseos?

Yibrán Jalil Yibrán

Carlos E. Wer

Y en realidad aun cuando pareciera, no es mi intención ahora el escribir acerca de ese extraordinario escritor y filósofo libanés. Aun cuando sus escritos están llenos de la fragancia de un poema, aun cuando ellos parecieran una jarra de agua fresca para labios sedientos. Aun cuando esa obra, precisamente «El Loco», demuestra la enorme sabidurí­a detrás de sus palabras, mi intención es traer a cuenta a otro personaje, al que, a pesar de su enorme dominio de la ciencia, de la filosofí­a, de la economí­a, de la educación y de las matemáticas, ha sido con mucha frecuencia calificado así­.

Un «loco» que ha sostenido con su cordura, la palabra clara y concisa. Que ha mantenido el valor de enfrentarse prácticamente solo, a pesar de que a su lado tiene a una bella esposa que combina su belleza germana con la inteligencia, a todo un sistema. Que ha sabido colocarse a la diestra de su esposo y luchar a su lado una justa, que pareciera que siempre fuera un permanente combate cuesta arriba. Una justa en la cual el contrincante posee como respaldo poder y dinero. Poder y dinero que ha sido usado para someter a hombres y paí­ses.

Que ha dictado leyes y las ha convertido por el enorme poder que representan, en acciones obligadas, sin importar para nada que ellas sean sentencias de muerte para miles de millones de seres humanos en el globo.

Armado solamente con el poder de su también enorme capacidad intelectual, ha llevado, junto a un equipo de excelencia que ha conformado a través del tiempo, esa lucha sin cuartel al sistema que creado para explotar al hombre, se ha impuesto en el mundo, por lo menos, por los últimos cuarenta años. Con esa visión, que solamente los grandes hombres poseen inició una campaña para convencer a la gente joven, que solamente luchando ferozmente contra el sistema neoliberal globalizador, puede aspirar a un futuro, no solamente personal, sino para la comunidad de su paí­s, Estados Unidos y extensivamente del mundo. Esa visión ha añadido a su equipo a una legión de jóvenes que encontraron en el conocimiento, el arma más poderosa para luchar contra la mediocridad y el enajenamiento a que los ha impulsado el sistema. Hoy esa legión participa activamente en catorce paí­ses llevando en cada uno de ellos un claro mensaje: ¡La globalización es ya un enfermo terminal! en consecuencia, es necesario construir un nuevo mundo que tenga como objetivo principal el bienestar del género humano.

Y hoy, que sus palabras, que aparentaban a veces terquedad en sus planteamientos machacones, acerca de los riesgos y amenazas que su paí­s enfrentaba económicamente y que a la postre llevarí­a al sistema al colapso, se ven respaldadas por la peor crisis económico-financiera que él jamás haya enfrentado. Cuando el mundo entero se ve atrapado entre las redes de esa crisis que, insiste no es cí­clica sino sistémica, las mentes que le calificaron de «loco», no solamente han tenido que revisar sus conocimientos acerca de la ciencia económica, sino escuchan sus sabias palabras recomendando, no solamente a su paí­s, al que él llama a la cordura denunciando la polí­tica fascista de su actual administración y su desesperada búsqueda de generar un conflicto que podrí­a llevar a una nueva conflagración mundial, sino que señala la enorme responsabilidad que recae en los paí­ses más importantes del globo (Rusia, China, India y los propios Estados Unidos), para hacer posible, todaví­a, una rectificación en su rumbo.

El señor LaRouche, a quien me refiero, llega al momento respaldado por una exitosa capacidad para la prognosis económica. En su maletí­n guarda la envidiable cantidad de nueve de ellos, de los cuales ocho han sido certeros y el noveno ¡el colapso del sistema económico financiero!, que las absurdas e ilegales medidas de la Reserva Federal estadounidense, (una entidad privada), en su desesperado intento de detenerlo, acercan a ese paí­s a la provocación de una hiperinflación, que se asemeja a la que viviera Alemania, antes de la llegada del fascismo nazi financiado por los banqueros.

En ese bagaje cuentan: el primero muy tempranamente en 1956, al declarar la inminencia de una gran recesión, causada por la burbuja de crédito de 1954. En 1959-60 pronosticó en base a serios estudios que le llevaron a ampliar el trabajo de Bernhard Riegan, creador de la hipótesis de Riemann, una de las más importantes conjeturas en matemáticas, creando la de LaRouche-Riegan, que aplicada le ha llevado a ese éxito en el pronóstico económico, el derrumbamiento de los Acuerdos de Bretton Woods. Hecho que ejecuta el presidente Nixon, siendo confirmado durante la Conferencia Monetaria de las Islas de las Azores en 1972.

Por falta de espacio, saltaremos hasta 1983, cuando en una visita extraoficial, anuncia el derrumbe del sistema soviético debido a los múltiples problemas del CAME, extremo que quedó comprobado al ocurrir en 1989. (Publicado el 15 de Julio de 1985 en la Revista Ejecutiva de Inteligencia). Al final de ocho exitosos pronósticos, ¿Se cumplirá el noveno?