Esta semana Honduras volvió a la palestra de noticias, cuando en medio de una crisis institucional el Congreso Nacional Hondureño destituyó a cuatro Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, máximo órgano judicial de dicho país, bajo el argumento de que al haber declarado improcedente una ley que obligaba a los miembros de la Policía hondureña a someterse a exámenes de polígrafo, se había aliado a estructuras criminales que impedían la depuración de dicha institución.
Al parecer, el caso concreto que utilizó el Congreso Nacional Hondureño pudo haber sido ese o el hecho de que a Santa Claus se le prohibiera vestir de rojo estas navidades, pues es sabido que el Congreso Hondureño, aliado del presidente Porfirio Lobo, venía desde hace algún tiempo buscando cómo destruir al Organismo Judicial de dicho país, dados los constantes fallos judiciales o bloqueos según los interesados que este tribunal había hecho de leyes decretadas por el Congreso y/o actos del Ejecutivo que no se apegaban a la Constitución hondureña. Sin perjuicio de no ser un experto de la ley o la realidad de nuestro vecino país, sin duda nos encontramos ante un típico caso de política tropical bananera en donde la injerencia de un poder estatal sobre otro no pasa por la defensa de la Constitución o del Estado de Derecho, sino del lado de los intereses políticos, partidarios o de despeje de camino a efecto de que los intereses de algunos no se vean limitados por alguien a quien se le ocurra cumplir la ley.
Llama poderosamente la atención por supuesto que ahora la Organización de Estados Americanos y su Secretario General no salieran a denunciar un golpe de Estado técnico como este, al parecer a los patrocinadores de la OEA ya no les interesa Honduras como cuando Mel Zelaya fue destituido, seguramente ahí también depende de qué lado te alineas para saber cómo te defiendo. En todo caso, lo que es seguro es que Honduras no se merece esto que le está sucediendo, un país que tiene enormes riquezas naturales y gente emprendedora y trabajadora tiene ahora que empujar cuesta arriba, gracias a las costumbres de políticos tal como los nuestros que no permiten que las instituciones se asienten en nuestros países.
Ahora, el presidente Porfirio Lobo hace un llamado al Diálogo Nacional, hay varias impugnaciones a la decisión del Congreso, la empresa privada señala que se ha violado la Constitución y el país se ve sumido en una nueva crisis que hace ver a Honduras como un país en donde nuevamente los sectores se preparan para un enfrentamiento. Ignoro si el llamado de Lobo al Diálogo Nacional será atendido por muchos, soy escéptico en cuanto a si puede llamarse al diálogo después de haber descabezado al rival, probablemente este ya no pueda hablar ni defenderse, o simplemente no sé si el pueblo hondureño le cree aún a Lobo. En todo caso no nos queda más que desear que nuestros hermanos hondureños puedan encontrar el camino adecuado para desarrollar su democracia y que el llamado de Lobo no resulte ser el llamado del Lobo.