El lila cuaresmal


Acostumbrados en ese sentido, no se concibe la Cuaresma sin el lila especí­fico o extraordinario. Es una connotación que empalma devoción y color. Tiene proyección social, sin duda alguna es la conciencia colectiva. Misma que el ritmo de los dí­as lo espera, dentro de las naturales expectativas de rigor.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Su impresionante belleza, inscrita en ciclos biológicos vegetales obligadamente gana espacios ambientales. La saturación de su florescencia sin igual da un fondo propicio a la ciudad. Y junto a los celajes epocales conforma espectacular y ansiados motivos de contemplación, en medio de la rutina cotidiana, el lila precioso.

La tonalidad lila, admirada por unos y otros, va de la mano con el tiempo cuaresmal, formando enlaces afortunados. Provoca ese color el ingrediente apropiado que eleva el autoestima. Una sensación aní­mica muy relevante, en beneficio de la personalidad, ávida de reconocer los prodigios de natura en la vida.

Constituye parte de la cultura el surgimiento del lila dondequiera, que se enseñorea de punta en la Cuaresma. Por lo tanto no existe choque, sino un ensamble significativo y afortunado. Un telón anual que destaca en el escenario natural que sirve de enfoque citadino, a la par de las conmemoraciones religiosas, preámbulo de Semana Santa.

Viene a la memoria evocar con hondo respeto al intelectual cimero don León Aguilera. Que hizo en sus famosas Urnas del Tiempo en el vespertino El Imparcial, la apologí­a de las jacarandas. De su pluma brillante, contagió justo, el invariable sentido de vivir instantes de gloria a través de sus letras.

Representa el lila cuaresmal el reflejo hecho tonalidad extraordinaria de una estación que exalta las bondades de ubicarse Guatemala en la zona tropical del globo terráqueo. Hasta el momento nuestra tierra morena no ha perdido la riqueza del suelo, donde volcó el Creador el cuerno simbólico de la abundancia.

La reflexión y meditación, genera ambas armoniosamente el lila en mención, gravitando acerca del sacrificio de los siglos, la Pasión y Muerte de Jesucristo. En asimismo el espaldarazo, mejor dicho el aldabonazo que llama a los corazones de la humanidad, cumpliéndose el señalamiento de «Amaos los unos a los otros».

Hay que destacar a viva voz que el dolor, perceptible desde la distancia, de las jacarandas no tienen exclusividad, tocante al lila; tampoco cuentan con la «franquicia». Mencionamos también la bugambilia, matilisguate, suquinay y otros más.

La florescencia múltiple de aquella tonalidad lila, demás está decirlo, que saca a relucir a plenitud la demostración que al clima guatemalteco para nuestro bien, continúa siendo ideal, pese a innumerables fenómenos o eventos que cuenta de muchas cosas y casos, la mano del Omnipotente nos ampara.

Calles y avenidas, jardines públicos y particulares, ofrecen al órgano visual enorme complacencia. Además de ser ornamentación de primera clase, en términos culturales no faltan a tí­tulos de puntualidad asombrosa. La buena-ventura sigue de frente, sin tregua ni evasión.

Afirma y confirma a la vez cómo el color lila cuaresmal, amén de gozar del gusto colectivo, demuestra algo que anteriores generaciones también admiraron. De la alegrí­a carnavalesca, el lila cuaresmal nos traslada en el acto al perí­odo penitencial que discurre entre los meses de marzo y abril.