La declaración ofrecida ayer por el Vicepresidente de la República, en el sentido de que se está lavando dinero gracias a los niveles de deuda que se acumulan con los contratistas del Estado no constituye una novedad porque se sabe que desde hace tiempo el campo de la construcción se ha visto contaminado, especialmente porque el giro del negocio se ha convertido en muy susceptible porque alrededor del mismo está girando, por fuerza, el manto de la corrupción.
No se puede ocultar la proliferación de oscuros intereses en la asignación de contratos, no sólo en el gobierno central sino en entidades autónomas y descentralizadas, lo que obliga a la confabulación de los empresarios con los funcionarios porque de no haber ese tipo de «arreglos» no hay asignaciones. No hay razón para que se le otorgue contrato a quien no participa en el juego si es tan variada la oferta de empresas dispuesta a pagar mordidas porque se acepta como algo «normal» que así es como funcionan las cosas y como se hacen los negocios con quienes tienen la sartén por el mango en el sector público.
Y la forma en que se concretan los negocios hace que muchas puertas se abran para cualquier tipo de intereses. Una de las modalidades de la perversión en los negocios que tienen que ver con la obra pública está en que el contratista no sólo paga para que le den el contrato, sino que tiene que dar mordida, además, para que le paguen el valor del contrato y todo esto está contemplado ya en los presupuestos porque el constructor sabe que así es la costumbre y estima en sus costos el necesario financiamiento para soportar el tiempo de espera que le imponen para ablandarlo a fin de que ceda más en la negociación por el pago del adeudo.
Y en tales condiciones es que dice el vicepresidente Espada que se cuela el dinero del narcotráfico y del crimen organizado para ser lavado, puesto que en un sistema que se pudre por todos lados, es muy fácil caer en tentación de recibir ese tipo de «ayudas» que las mismas autoridades han detectado desde hace tiempo. Hay algunos informes confidenciales de la intendencia de verificación de la Superintendencia de Bancos que advierten precisamente sobre la cada vez mayor presencia de negocios de lavado de dinero mediante la industria de la construcción en su relación con los contratos con el Estado.
No queremos entender que la corrupción terminará pasando factura a todos tarde o temprano y puede ser de forma muy peligrosa para quienes están metidos en el juego. Ojalá esta advertencia de Espada no caiga en oídos sordos.