Los ojos sobre las cifras parecían desorbitarse cuando en su momento fueron reveladas: la contienda electoral más cara de la historia política de los últimos 25 años. ¡¿Cuánto se gastó en el tiempo de la campaña?! De toda esa plata ahora ya casi nadie se acuerda o así aparenta; momentáneamente de eso no se habla. ¡Cuántos fines de semana se dejaron de lado las actividades cotidianas para hacer la “campañaâ€! ¡Cuántas frases, cuántos mítines, cuántas promesas, cuántas expectativas, cuántos anhelos, cuántos esfuerzos por convencer, persuadir! Todo ello ya terminó. La noria electoral ha girado una vez más. Y estamos de vuelta, para creer, para renovar las ilusiones y anhelar por un mejor futuro.
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Comentaba la semana pasada que nuestro sistema político está caduco, inoperante, que es en una sola palabra decadente. Tiene muchas aristas para ilustrar mis aseveraciones. La imagen del oponente se construye sobre la base de los desaciertos del gobernante de turno. Si esta imagen es acompañada con una habilidad retórica más o menos acuciosa, la ruta para llegar al “Guacamolónâ€, como se le solía decir al Palacio Nacional, está casi hecho, que a este “oponenteâ€, le “tocará†el turno de relevar. Y así nuestros denominados partidos políticos crean y recrean la imagen ficticia de un proceso electoral que se fundamenta en la parafernalia que se logra comprar a veces, muchas veces con dudosos capitales, con oscuras fuentes de financiamiento. Y como los padrinos son maliciosamente generosos, tenemos que las cifras se incrementan. Si a esta concentración le podemos dar a los asistentes premios: celulares, relojes, electrodomésticos y más, “ganamos más adeptosâ€. El circo se complementa con el espectáculo de llamativas artistas de la coreografía y a veces hasta del canto. “Metan plata, muchá, la gente tiene que votar por nosotros.†Y eso es uno de los rostros, el más visible del proceso electoral. Luego vienen las facturas. Después el pago de estas. Y los que votaron a favor. “Que aguantenâ€. Así es el resumen del perverso “sistema político que nos acompañaâ€.
En uno de los tantos programas de radio en los que se entran a conocer algunos aspectos de la contienda electoral, una vez conocidos los resultados preliminares, una persona mayor dijo más o menos una frase como la que ahora transcribo refiriéndose al 14 de enero: “Ojalá que con la misma sonrisa de satisfacción con la que llegan, con esa misma y su respectivo reconocimiento se retiraran del poderâ€. Y de pronto vino a mi mente, viejo que soy ya, la sonrisa de Vinicio Cerezo; la de Jorge Serrano, la de ílvaro Arzú, la de Alfonso Portillo, la de í“scar Berger, la de ílvaro Colom y ahora la de Otto Pérez. El final de aquellas gestiones fue caracterizado por el sentimiento de venganza por parte de los seguidores de sus sucesores. Tan largo y tortuoso ese proceso para llegar a esa sufrida parte.
Pero lo descrito es el rostro público que encierra lo que hacen por detrás los círculos ocultos de los que acosan y obstruyen el ejercicio del poder político en nuestro país. Y en otro orden los procedimientos para estimular el flujo de recursos para iniciar el cumplimiento de las promesas son un camino lleno de obstáculos que no son fácilmente manejables, de ahí que el político -bueno, regular o malo-, al final, queda en manos del tecnócrata que hace el manejo presupuestario del erario. Y aun así se pudren las manzanas del canasto. La corrupción no es un invento de la era democrática. La corrupción subsiste a la par de nuestra condición humana, quiérase o no, ahí está y ahí estará siempre. Que muchas veces es auto reprimido el impulso corruptible por nuestros principios y valores es lo ideal. Pero en el ámbito de lo público es más la excepción que la regla. A ese muro se enfrentan las expectativas y las promesas encerradas en sonoras frases que se pronuncian en el discurso presidencial de toma de posesión. En ese momento cúspide en la carrera del político de alcance nacional. Ese instante en el que se resume todo el largo proceso para llegar a él. Por el bien de nuestro país, por el bien de nuestras actuales y futuras generaciones, que el epílogo de la historia que recién comienza no tenga un similar desenlace al de sus 6 antecesores.