El lado humano de la tragedia


Los damnificados y afectados por las lluvias se cuentan por miles. La población guatemalteca, especialmente la rural, espera por respuestas ante el futuro incierto que se presenta luego del paso de la tormenta Agatha. ARCHIVO

El suelo ya se secó, pero el dolor permanece en las comunidades, pueblos y caserí­os, en donde fallecieron personas, se perdieron cosechas y se destruyeron miles de viviendas, ante el paso de la tormenta tropical Agatha. La esperanza es lo único que les queda a las desesperadas ví­ctimas de un pertinaz invierno. Cinco historias les recuerdan a las autoridades que la tragedia todaví­a no acaba y que su obligación para reconstruir apenas inicia.

Andrea Orozco
aorozco@lahora.com.gt

En la aldea Los Almendros -Escuintla- las inundaciones dejaron sin hogar a miles de familias. ARCHIVOHabitantes de Palí­n esperan recuperar la carne de una res muerta durante una inundación. ARCHIVOUna de las áreas más afectadas durante el invierno fue la costa sur. ARCHIVO

El Gobierno requiere de recursos económicos para iniciar la reconstrucción del paí­s, pero, más que puentes y carreteras, la población guatemalteca, especialmente la rural, espera por respuestas ante el futuro incierto que se presenta luego del paso de la tormenta Agatha y las lluvias posteriores

Vidas perdidas, viviendas dañadas y pocas posibilidades de recuperar las cosechas es el saldo de la «emergencia», aunque la atención para los damnificados empieza a retrasarse.

El dolor y el drama que viven cientos de damnificados por los desastres naturales aún están latentes, mientras el Ejecutivo indica que «hay que pensar en el tipo de reconstrucción que queremos», que puede ser «una pequeña, con pocos recursos o una con transformación».

El portavoz presidencial Giuseppe Calvinisti sostiene que el presidente ílvaro Colom ha realizado visitas a los distintos municipios, cantones y aldeas de Guatemala para «ver con sus propios ojos lo que sucede». «í‰l conoce cada rincón del paí­s, es el único Presidente que se ha preocupado más por las personas», señala.

Sin embargo, al conocer la historia de quienes han vivido en carne propia la tragedia, el clamor es el mismo: «el Gobierno no nos ha ayudado».

Son varias las denuncias por la falta de apoyo de parte de los ministerios de Educación, Salud y Comunicaciones para los damnificados; sobresalen en las visitas al interior del paí­s, en donde la falta de cobertura de programas del Consejo de Cohesión Social (CCS) también genera dudas. .

«Toda la preocupación del Presidente gira en torno a la salud y educación, pero se necesitan recursos para atender las necesidades. Una escuela no es fácil de atender en términos financieros, el tema aquí­ es la carencia de recursos para dar solución a todas las necesidades», asegura Calvinisti.

Por otro lado, í‰dgar Rosales, vocero del CCS, señala que «en cuanto al trabajo que se desarrolla en el caso de las emergencias, los lugares que requieren atención son determinados por Conred, y el Consejo actúa de acuerdo con dichos requerimientos».

UN FUTURO INCIERTO

Jorge Miranda vive en la aldea Las Lagunas Cuaches, del municipio de San Juan Ostuncalco, en el departamento de Quetzaltenango; su sueño es poder dar un «regalo» a sus hijos: brindarles apoyo para que estudien. Sin embargo, debido a la situación en que se encuentran luego del paso de la tormenta Agatha, ve esto «un poco difí­cil».

«Yo estoy pensando en darles estudios a mis hijos, ya que yo no tuve la oportunidad. Talvez yo pueda hacerlo, pero no sabemos qué es lo que nos espera. A como está la situación es un poco difí­cil, pero voy a luchar por darles eso como regalo», dice.

La tormenta ha afectado la situación económica de la aldea, escasean los alimentos y, debido a los derrumbes e inundaciones, ya proliferan enfermedades respiratorias, digestivas y de la piel; sin embargo no ha llegado atención médica para asistir a los grupos vulnerables.

«Acá con nosotros no llega la ayuda del Gobierno. Un programa que se llama Mi Familia Progresa sólo lo hemos escuchado; aquí­ no ha habido eso. El Gobierno sólo se preocupa por él mismo, a la gente pobre no nos viene a ver», dice Miranda.

A pesar de su situación, este padre de dos niños, uno de seis años y otro de 11, se considera afortunado, «por la lluvia todo se perdió, el maí­z no quedó bueno y se arruinó todo, hemos perdido unos 10 mil quetzales pero nosotros tenemos los tres tiempos de comida, tenemos vecinos más afectados pero aquí­ nos vamos ayudando como podemos, unos con otros», asegura.

El CCS prometió revisar la cobertura de sus programas en este lugar.

LOS JUEGOS DE LA ESCUELA

«Les puse una grabadora y sonaba música infantil, yo querí­a que la escuela tuviera ambiente y que los niños se divirtieran». Así­ relata Margarita Cuc Iboy, directora de la escuela de la aldea Xibalbay de la comunidad Chaquijyá en Sololá, su esfuerzo por colocar juegos infantiles en ese centro educativo.

Antes del paso de la tormenta Agatha, Cuc Iboy colocó juegos para recreación de los alumnos, sin embargo esa diversión les fue arrebatada por el agua del rí­o que pasa cerca de la escuela, y que en su corriente llevaba piedras, árboles e incluso animales muertos.

Ese centro educativo, que atiende a 275 niños de preprimaria y primaria, ahora cuenta únicamente con ocho aulas, pues dos de ellas fueron arrastradas por la corriente. La escuela se encuentra en riesgo porque se ubica entre dos cerros y cada vez que llueve, los maestros deben sacar a los niños para evitar que sean soterrados por un alud.

Para que no se afecte la educación, el equipo de docentes de esta aldea ha preparado un plan, pero como no han recibido ayuda de las autoridades, su labor se ha reducido a concientizar a los padres, para que reaccionen frente a una catástrofe. «Ellos tienen que ayudar aunque el Gobierno no nos aporte nada, ojalá que el dinero le haya servido a personas más necesitadas», dice la directora.

A los maestros de esta escuela no les importa el esfuerzo y sacrificio que tengan que hacer para dar lo mejor para la educación de los niños «y que ellos en un futuro, se puedan defender, pues son el futuro de Guatemala», asegura Cuc Iboy.

Debido a que no se cuenta con ayuda del Gobierno, son los pobladores de la comunidad quienes han colaborado a superar la emergencia y fueron los mismos vecinos quienes llevaron comida y ropa a los damnificados por la tormenta.

Información del CCS indica que se ha invertido en rehabilitación de caminos, por parte del programa Prochisototo, un millón 41 mil 970 quetzales y se han entregado 150 bolsas solidarias.

«JUANITA NO APARECE»

La noticia le llegó cuando se encontraba en otro departamento. Juanita, su sobrina de 10 años, habí­a desaparecido bajo un alud de tierra originado por las lluvias de Agatha. Para Pedro Cruz, residente de San Pedro La Laguna, Sololá, el dolor es parte de su diario vivir.

La tormenta prácticamente arrasó un sector llamado Panulujay, que en idioma maya zutujil significa «derrumbe». Cruz asegura que este lugar fue calificado como no adecuado para vivir, pero debido al crecimiento de la población, tuvo que ser utilizado por algunas familias para instalarse.

La madre de Juanita fue rescatada y aún se encuentra en recuperación. El cadáver de la niña todaví­a no se ha encontrado; el cuerpo no ha podido ser rescatado, a pesar del apoyo de la comunidad, porque las autoridades locales no prestaron su ayuda.

Antes de Agatha, en este sector, ubicado cerca de la playa, se viví­a con tranquilidad; era un lugar de siembra de hortalizas. «Ahora no hay cosecha y todo se está poniendo caro», asegura Cruz

Los habitantes de este lugar se han sostenido con donaciones y apoyo de la misma comunidad; todaví­a hay 150 personas afectadas y 20 familias damnificadas. La lluvia que empezó en marzo aún no ha terminado.

Tres dí­as de trabajos con maquinaria para la búsqueda de Juanita es lo reportado por el CCS, además de la entrega de bolsa solidaria por dos meses a 15 familias afectadas y el inicio, a principios de octubre, de la entrega de remesas condicionadas a 509 familias.

UN NAILON DE PIZARRA

Nailon y cartulina es lo que deben utilizar los 20 maestros de la Escuela Oficial Mixta del caserí­o Marí­a Tecún, en la aldea Pishabaj, Sololá, en donde se atiende a 500 niños. Este establecimiento debe ser reconstruido, pero no se ha recibido ayuda del Gobierno para cumplir con ese objetivo.

Juan Tautiu, director del establecimiento educativo, señala que los niños reciben clases, a pesar de que la escuela ha sido considerada por la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres como un lugar de alto riesgo. Esperan que el sector se declare inhabitable, debido a la situación de riesgo.

Durante la última semana de mayo y todo junio no se recibieron clases, pues la escuela debió ser aseada y reparada luego de las lluvias, por las que se estropearon pupitres, cátedras y pizarrones los cuales ya se han solicitado al Ministerio de Educación, directamente en la ciudad capital, pero no se ha tenido respuesta.

Las personas de esta comunidad que fueron afectadas pasaron dos dí­as y medio sin comer y aún hay familias refugiadas.

Tautiu recuerda que la propia primera dama, Sandra Torres de Colom, se comprometió a trasladar esta escuela a un terreno mejor y dijo que se ayudarí­a con techo mí­nimo a los damnificados. «Pero el papel aguanta con todo», señala.

«Gracias a Dios ese desastre se dio durante el dí­a, de haber empezado en la noche ya no estuviéramos aquí­», reflexiona el docente.

Se intentó contactar a Wendy Ruano, vocera de la Primera Dama, sin embargo no atendió las llamadas a su celular. El CCS indica que el programa Mifapro se ha ampliado hasta atender a 492 familias.

MAMí, VAMONOS DE AQUí

A cuatro meses de que su casa se perdió por completo bajo toneladas de tierra, doña Berta Sisimit se encuentra albergada en las instalaciones del Club de la Policí­a Nacional Civil, ubicado en la zona 6 capitalina.

La situación es desalentadora para ella y su familia, pues señala que no vive con tranquilidad, sufre enfermedades de la piel y ni su esposo ni ella cuentan con un trabajo estable, por lo que no es fácil que les otorguen un préstamo o les vendan un terreno.

«Mamá, vámonos de aquí­, vámonos a alquilar o regresemos a la casa», le pide todos los dí­as su hija mayor, de seis años, quien también ha tenido que sufrir a causa de que niñas mayores la golpean en el refugio temporal.

Doña Berta, su esposo y sus cuatro hijos, de entre seis años y seis meses de edad, son una de las cuatro familias que aún viven en ese lugar. Aunque mensualmente reciben una bolsa solidaria, que les ha ayudado para paliar la crisis, la ama de casa espera que el Gobierno pronto les proporcione lugar seguro a dónde trasladarse, pues su terreno ya no puede ser recuperado.

Al albergue de la PNC se trasladaron a 240 familias afectadas por Agatha, «unos se decepcionaron y se fueron», cuenta esta madre de familia, quién sueña con vivir en un lugar donde sus hijos se sientan libres y tranquilos.

El vocero presidencial explica que la prioridad del presidente ílvaro Colom es la atención de la población guatemalteca, pero reitera que para ello hace falta que «todos tengamos la responsabilidad de aceptar retos en términos económicos».

«Yo estoy pensando en darles estudios a mis hijos, ya que yo no tuve la oportunidad. Talvez yo pueda hacerlo, pero no sabemos qué es lo que nos espera. A como está la situación es un poco difí­cil, pero voy a luchar por darles eso como regalo».

Jorge Miranda

Aldea «Las Lagunas Cuaches»