El laboratorio natural que inspiró a Darwin


Las islas Galápagos fueron para Charles Darwin lo que pudieron ser las manzanas en caí­da libre para Isaac Newton cuando revolucionó la fí­sica: en esta apartada zona de Ecuador, el inglés observó parte de las especies que inspiraron su no menos revolucionaria teorí­a evolucionista.


Darwin, cuyo bicentenario se conmemora el 12 de febrero, llegó a las islas Galápagos en 1835, cuando tení­a 26 años, en una expedición a bordo del barco «Beagle».

Sus observaciones en ese archipiélago -distante mil kilómetros de la costa ecuatoriana- fueron determinantes en la divulgación, dos décadas después, de su obra cumbre, «El origen de las especies».

«De ser cierto que Newton se inspiró en la caí­da de las manzanas para formular el principio de la gravedad, también podrí­a decirse que las islas encantadas fueron decisivas en la teorí­a evolucionista de Darwin», dijo Carlos Valle, jefe del Departamento de Biologí­a de la Universidad San Francisco y reputado experto en la vida animal en las Galápagos.

Allí­ -agregó Valle- el expedicionario inglés «encontró la mejor evidencia» para postular los principios de la selección natural y la eficacia reproductiva, según los cuales las especies desarrollan ventajas adaptables para mejorar su reproducción.

Conformadas por 13 islas mayores y 17 islotes, «Darwin notó que en Galápagos las condiciones ambientales variaban poco entre una y otra isla, pero que esas diferencias influí­an en el tamaño del pico en pájaros de la misma especie dependiendo del tipo de semilla que creciera en el sitio», explicó Valle.

Así­, llegó a concluir que «en un territorio relativamente pequeño puede haber 14 especies de un mismo pájaro y que sus variaciones están relacionadas con el ambiente donde se crí­an», precisó Valle.

«Darwin viajó por muchos sitios del mundo, pero en Galápagos se encontró con una situación única: las aves de todas las islas parecí­an idénticas, pero luego se dio cuenta de que habí­a diferencias entre ellas dependiendo del sitio donde se encontraban», corroboró por su parte Matthias Wolff, director de la Fundación Charles Darwin en Galápagos.

Las islas ecuatorianas «no son el tema principal en el libro sobre el origen de las especies, pero su viaje a este sitio fue muy importante, podrí­a decirse que clave para el entendimiento de la evolución», agregó.

Hace tres décadas, las Galápagos fueron declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Comunicación (UNESCO), y en 2008 fueron incluidas en la lista de reservas en riesgo por el ingreso de especies invasoras y el alto impacto del turismo.

La zona adoptó el nombre de las tortugas gigantes que la habitan y es considerada el laboratorio natural de Darwin.

«Casi dos siglos después, los postulados de Charles Darwin se mantienen intactos, y lo que ha hecho la investigación moderna es refinarlos sin cerrar la puerta, como hizo el propio cientí­fico, a otras explicaciones como la deriva genética, que es la inclusión del azar en la evolución», destacó Valle.