El laberinto


GLADYS_MONTERROSO

“El efecto de toda civilización llevada al extremo, es la sustitución del espíritu, y de la idea por la cosa.”
Téophile Gautier

Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es


Transitar por las calles de la capital de Guatemala, en los últimos ocho años se va convirtiendo cada día más en un complejo accionar, en el cada día nuestro, más nos sentimos encerrados en un laberinto; el motivo: Las disposiciones del Alcalde de la ciudad de ensanchar las aceras, y con ello, reducir las calles, mientras aumenta la circulación de vehículos en el país, más aún en la capital, es sintomático ver y vivir, ese sentimiento de encierro, al que nos sometemos diariamente, por ejemplo en la zona 1, en donde el tránsito es lento, tedioso, debido a las camionetas que realizan la parada donde quieren, no donde deben,  sin que autoridad alguna regule estas infracciones, al humo que dejan a su paso, las motos, que rebasan por cualquier lado, y ¡oh, maravilla! resulta que a nuestro flamante alcalde, con todo ese caos vehicular, se le ocurrió ensanchar las aceras, incluso, donde pasan muy pocos peatones y siembra arbolitos, que no se sabe cuánto tiempo tendrán de vida útil, ya que por ser la zona 1 difícilmente sobrevivan, por falta de atención de la misma municipalidad y de los vecinos, sería maravilloso que pudiéramos caminar entre bellos árboles, que nos den sombra, pero, sin maleantes al acecho, calles limpias, hermosas fachadas, y aspirar aire puro, no señores es todo lo contrario,  no existe sombra alguna, ni seguridad, basura por doquier, y las hermosas casas que un día existieron dieron paso a parqueos informales, cantinas, tiendas con barrotes, ventas de ropa de paca, y aspiramos el humo con olor a diesel, que dejan a su paso, viejas camionetas pintadas de rojo.

Las zonas 9 y 10 son parte de este laberinto en el que cada día nos sentimos más como ratas de laboratorio, en que somos parte de un experimento, pero no es así, es una pesadilla, de cerrar calles y avenidas, ensanchar aceras y como cierre con broche de oro, un policía de Emetra, contrariando los colores simbólicos  que nos envían los semáforos, quita la vía cuando éstos se encuentran en verde, aunque en donde den vía, circulen dos vehículos, lo importante es hacer presencia.

Yo no sé usted, que circula diariamente en la capital, que está de paso, o que tiene que venir a la capital, que siente cuando bajo los rayos del sol se encuentra en un gran atasco, y tiene que llegar a  un lugar y horas precisas, y ve como las manecillas del reloj, caminan rápidamente y no puede llegar a su destino, porque el tráfico se lo impide, pero no es el tráfico, son los siguientes factores: a) Una mala urbanización, totalmente desfigurada a la que encontraron los españoles cuando descubrieron este continente, tan ordenado y bien trazado, b) El juego de un señor que habita desde hace años el Palacio de la Loba, quien teniendo dentro de su mandato, que vivamos en una ciudad limpia, ordenada, con agua, alumbrado, y servicios primordiales, invierte nuestros impuestos, en rediseñar cada determinado tiempo la ciudad, cerrando cada día más desvíos, calles, avenidas, y para colmo ensanchando las aceras, y reduciendo el espacio para vehículos, camionetas, y camiones, lo que trae consigo, un tráfico denso, desgastante y nocivo, c) Una población capitalina que se deja engañar como un niño en un parque de Disney, que piensa que con florecitas y arriates estamos en una mejor ciudad, cuando como en Disney, detrás  de cada diversión, que nos parece tan bonita y real no existen más que máquinas que controlan las emociones de los niños de todas las edades que viajan en busca de vivir un sueño, pero esto no es un sueño, es una realidad, latente, diaria, torturante, y que cada día que pasa crece más ante nuestros ojos, sin que hagamos nada en contra de ella, como autómatas aceptamos la reducción de los espacios para transitar, aspirando el humo de las camionetas, viendo a nuestro lado un hermano guatemalteco, víctima de cualquier adicción, y economizando cada vez más tiempo, con nuestra familia, con los amigos, o simplemente un momento de ocio, para llegar a tiempo al lugar de nuestro destino inmediato, porque tenemos un agregado en nuestro tiempo, el tráfico, cada día más pesado, lento, contaminado y tedioso, para llegar a nuestros diversos compromisos.

Imaginemos un laberinto, de los que vemos en los juegos infantiles, en los que vemos la salida y la entrada, pero no encontramos el camino, solamente los jugadores profesionales, los muy astutos, o los que tienen un IQ alto, pueden lograr entrar y salir de ese laberinto, los demás se pierden en sus múltiples encerronas, y se deja el juego, pero en la vida real, viviendo en la capital de Guatemala, no podemos dejar el juego, ni para otra hora, día o semana, tenemos que terminarlo, para llegar a nuestro hogar, a traer a los niños de la escuela, a trabajar, o a cualquier compromiso.

O salimos del laberinto, o salimos, y cada día vemos más conos anaranjados, según la asociación llamada Bioenergética y  Radiestesia, el color anaranjado significa  angustia, algún abuso sexual, miedo a la sobrevivencia, y de ese color son los conos que nos indican que no podemos pasar más allá. Los obstáculos pintados de verde eléctrico, según Wikipedia, este es un color que representa uno de los tres colores primarios aditivos, que naturalmente, a nuestro yo interno, chocan, por ser muy fuertes, y nada tranquilizantes, lo más interesante del uso de los mismos, es que se hace de día no de noche, cuando si se necesitan señales más impactantes y visibles, desde la lejanía.

En fin, señores, que cada día el laberinto se hace más estrecho, y nos cuesta más llegar a nuestro destino, aunque este sea el cementerio, no hay distinción alguna, porque EL PROBLEMA NO SON LOS ÁRBOLES QUE ADORNAN EL CAMINO, EL PROBLEMA ES QUE NO HAY AGUA PARA QUE SOBREVIVAN, Y EL LABERINTO EN QUE NOS ENCIERRAN.