EL JESUSITO SEPULTADO DEL BARRIO DE LA RECOLECCIí“N


William Enrique Cameros

Universidad de San Carlos de Guatemala

La imaginerí­a guatemalteca se destaca por ser una de las más exquisitas del continente americano, y por ende de las más importantes del mundo, de tal forma encontramos una serie de esculturas religiosas de gran calidad artí­stica, cabe destacar que mucha de esta imaginerí­a fue realizada en la época colonial momento que la escultura de Guatemala mantiene un auge incipiente, siendo sin lugar a dudas su etapa cumbre y de apogeo, de allí­ que observamos muchos tipos de imágenes, entre ellas las esculturas estofadas en oro, esculturas de bastidor, esculturas para fachadas de templos, esculturas para iglesias, capillas y oratorios familiares, de lo que dilucidamos el fin didáctico y pedagógico sin olvidar el catequético, de allí­ que en el periodo colonial destaque uno de los estilos más influyentes del momento como el barroco dándole a las esculturas un realismo y dramatismo sin precedentes.


Ese dramatismo no ha quedado en olvido en la escultura en miniatura, un arte que nos evoca al talento que muy pocos escultores poseen y por eso resulta muy difí­cil encontrar piezas que no presenten una verdadera calidad artí­stica, es por eso que hoy recordamos al famoso miniaturista guatemalteco, conocido con el seudónimo de El Fino, y que como homenaje a su obra y labor se reconoció al tramo que comprende de la 10 avenida A entre segunda y séptima calle del centro histórico, como Callejón de El fino, actualmente en la nomenclatura este es un callejón famoso que recuerda el arte de uno de los mejores miniaturistas de América que por lo maestrí­a de su trabajo y la destreza de sus manos al plasmar sus miniaturas, el pueblo guatemalteco simplemente le reconoció como El fino.

Trasladándonos de un barrio antañón como el de la Merced para dar paso al de la Recolección encontramos entre los recuerdos quizá la más excepcional miniatura que se conserva en la actualidad y que se venero por mucho tiempo en la primera calle B entre primera avenida A y segunda avenida de la zona 1.

Allí­ existí­a un domicilio cuidado por un par de ancianas, que tení­an como custodio a un Cristo Crucificado de aproximadamente 4 centí­metros, este Cristo estaba a la veneración de los fieles, quien con sólo tocar a la puerta de ese domicilio se les permití­a el acceso para venerar al Cristo, el cual descansaba en un altar el que variaban con frecuencia, según la época del año litúrgico.

Tanta fama llego a tener hoy nuestro Jesusito como le decí­an los vecinos que hasta se organizaban romerí­as, provenientes hasta de los departamentos, a finales de los años sesentas y principios de los setentas se observaban largas filas de fieles los viernes cuaresma, así­ como los dí­as grandes de la Semana Santa, de los que destaca la noche de Jueves Santo donde era uno de los dí­as más visitados a lo largo del año, de lo cual nos comentan que la fila llegaba mas allá de la esquina de la segunda avenida. Este Jesusito era apreciado por los fieles con una lupa y no faltaban algunos que hasta llevaban lupa propia.

El correr del tiempo inexorable es así­ como llega el año de 1976 y con ello el terremoto de San Gilberto, dejando la casa prácticamente en ruinas, las tejas y el adobe quedan en el suelo, siendo a la vez el presagio de que sus albaceas no iban a continuar a cargo de Cristo y es así­ como ese año luego de que la casa queda totalmente destruida milagrosamente logra salvarse el Jesusito el cual descansaba en su urna, pero una de las tantas versiones de lo ocurrido en ese lugar es que una de sus dueñas no corrió con la misma fortuna la cual fallece esa noche trágica del 4 de febrero, para colmo de males la otra sobreviviente poco tiempo después muere producto natural de los embates de su edad terminando así­ una de las tradiciones más lindas y mí­sticas que todaví­a se conservaban en un barrio con matices de la Guatemala de antaño.

Pasan los años y no se sabe más de esta bellí­sima escultura en miniatura la cual la tradición oral se la atribuye nada más y nada menos al famoso El Fino luego de muchos años de búsqueda la hemos localizado en San Miguel Petapa en la Parroquia de San Miguel Arcángel, y para nuestra sorpresa es que siguió a discreta veneración en esa localidad, de tal forma que el heredero de la misma el Señor Francisco Flores Salazar realiza la donación el 25 de octubre del año 2005 a la Parroquia siendo el albacea actual el Párroco y presbí­tero de ese templo Francisco Morales Muralles quien nos brindo las respectivas facilidades para poder escribir este artí­culo.

El Jesusito fue donado con una urna de vidrio biselado más un resplandor de las tres potencias de plata sobredorada. Una de las condiciones de la entrega de esta miniatura es que no pueden ser vendida ni regalada y tampoco puede salir de los lí­mites fuera del pueblo en donde debe de permanecer para su veneración.

La imagen esta realizada de madera de naranjo con pigmentos de plata y oro. Técnica tabla en madera, Alto 4.6 centí­metros, ancho 1,2 centí­metros. Como podemos observar tiene su rostro hacia abajo y la cabeza inclinada de lado derecho, al verle en detalles apreciamos su barba y cabello tallados con abundantes ondulaciones, se le marcan las costillas y músculos abdominales. Siendo este un crucifijo y no un Cristo Yacente no se sabe del paradero de sus brazos originales y actualmente se utilizan otros de mayores proporciones tallados en madera de cedro, los cuales están encarnados, el paño de pureza nos muestra un detalle interesante con un colgante de lado derecho. El mismo está registrado en la dirección General del Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura y Deportes con el número 1-2-283-1.

Sin lugar a dudas estamos hablando de una pieza olvidada, pero que representa a la imagen de Jesús en miniatura más exacta y compleja que en la actualidad se conserva, la misma al terminar la nueva Parroquia de San Miguel Arcángel quedara a veneración ya definitivamente un lugar especial realizado para el efecto.

Después de años de búsqueda hemos encontrado esta pieza única con el afán de darle el lugar que corresponde dentro de la historia y de la imaginerí­a de pasión en Guatemala y demostrar que la talla posee un excepcional trabajo artí­stico, fruto de la inspiración escultórica de manos guatemaltecas.