El interés general



Nada se puede tener contra el ingenio de quienes encuentran nuevas formas de hacer publicidad y hasta debe aplaudirse la inventiva, pero el lí­mite tiene que establecerse, por supuesto, por el interés general que en todo caso prevalece sobre el particular. Viene a cuento lo anterior porque en los últimos dí­as en importantes y congestionadas arterias de la ciudad se desplazan varias bicicletas tirando de carretoncitos que llevan propaganda de Café Saúl y de la venta de ropa Emilio, lo cual sin duda es muy original y atractivo, pero es inconcebible que la Municipalidad de Guatemala permita esa forma de propaganda que obstaculiza por completo un carril de cualquiera de las avenidas que utilizan para realizar la propaganda.

En la Avenida de La Reforma, por ejemplo, por las tardes se hace un embotellamiento muy grande y cuando los automovilistas logran pasar se dan cuenta que todo es porque un carril está avanzando únicamente a la lenta velocidad de la caravana de ciclistas que están haciendo propaganda para las empresas referidas. Por supuesto que pocos medios criticarán la práctica de quien es, además, su cliente en publicidad y si bien ello es una ventaja considerable para la empresa promotora, refleja hasta qué punto se imponen los ví­nculos comerciales sobre el mismo interés colectivo.

Posiblemente pueda esgrimirse que no existe en el Reglamento de Tránsito normativa exacta para regular ese tipo de propaganda, pero el sentido común es superior a la normativa y la Policí­a Municipal de Tránsito debiera ser lo suficientemente ágil para garantizar que esas prácticas no afecten el tráfico normal y fluido en una ciudad que ya tiene demasiados problemas viales como para que por el interés comercial de algunas empresas se complique más.

Peor ahora que estamos en campaña polí­tica y que los candidatos podrí­an ver que es un método no sólo original sino muy barato de hacer propaganda y de llamar la atención de los ciudadanos. Y con la proliferación de candidatos y partidos, serí­a terrible lo que podrí­a ocurrir en el tránsito urbano si alguien decidiera seguir el mal ejemplo.

En el fondo el ingenio y la inventiva de los publicistas se revierten porque cuando uno descubre la razón de los atascos viales, lejos de sentirse atraí­do a comprar a los que se anuncian de esa forma, siente malestar por el tiempo que lo obligan a perder.

Es encomiable toda forma de innovar en publicidad o en otras áreas y a esas empresas hay que reconocerles muchos méritos en ese campo e instarlas a que lo sigan haciendo, pero sin afectar el interés general y crear problemas en un área tan crí­tica y sensitiva como es el tránsito en la ciudad de Guatemala. Ojalá que la Municipalidad tome cartas en el asunto y ponga fin al abuso que constituye ese uso de la ví­a pública que entorpece la libre locomoción de los guatemaltecos.