Con toda pompa fue inaugurado ayer el Instituto de Altos Estudio Políticos y Legislativos. Hoy inician una serie de talleres de capacitación para los parlamentarios, pero el equipo de asesores de la Presidencia del Congreso parece ocuparse, a última hora, de los materiales necesarios para impartir los cursos.
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«El instituto de Meyer», como lo llaman diputados opositores parece estar en el aire. Sin una base sólida sobre la cual fundarse, esta dependencia del Congreso no posee una sede, ni siquiera una oficina. De hecho, las charlas magistrales que iniciaron hoy, tienen lugar en un hotel de la capital.
Hasta ayer, el personal encargado de recaudar libretas, lapiceros, maletines, documentos de apoyo, etcétera, se resistía a colaborar bajo el argumento que el Congreso debería contratar trabajadores específicos para el Instituto.
Las interrogantes sobre el sostenimiento financiero de la dependencia son cada vez mayores. En el pasado, el presidente del Congreso, Eduardo Meyer, insistió en que la cooperación internacional es la encargada de ese aspecto; los gastos de alquiler del salón en el hotel, el infaltable refrigerio, las libretas de apuntes, los bolígrafos, la mayor parte de los insumos han sido por cuenta de Acción Ciudadana y USAID, pero se sabe que ambas entidades e incluso OEA ha realizado donativos económicos adicionales al Congreso, solo para este proyecto.
«Yo no sé ni de qué se trata, no me han invitado, pero tampoco estoy en contra de capacitarme. La verdad es que no hay tanto tiempo para eso, porque los diputados tenemos que estar fiscalizando, antes de pensar en otras actividades», expone Noé Orellana, uno de los diputados que desconoce el objetivo del Instituto.
Otro de los aspectos de este proyecto, que para los directivos es solo atribuible a la Presidencia del Congreso, pues no se les ha invitado a participar de la formación y fundación, es el carácter de permanencia. La creación de una dependencia interna puede hacerse a través de un acuerdo de Junta Directiva, pero de esa forma, su vigencia estaría sujeta a la voluntad de cada junta directiva. Por ello, expertos recomiendan incluir la creación del Instituto dentro de una reforma a la Ley Orgánica del Congreso, que bien podría integrarse a la Comisión de Apoyo Técnico, situación que podría requerir de un lapso superior al tiempo que le queda a la directiva actual.
Sobre este respecto, en la página de internet del Congreso se publicó recientemente una declaración de Danilo Roca, secretario de Asuntos Políticos de la Presidencia del Parlamento, que dice: «El Instituto tiende a ser una institución de sentido de permanencia total, la proyección es que en un año se analice la necesidad de aprobar el decreto para que esta entidad pueda ser seguramente el establecimiento de más alto nivel de toda la región centroamericana que también servirá de escenario para la discusión de políticas de integración del istmo».
Mientras las dudas se discipan, personas allegadas a la Presidencia del Congreso ven con asombro cómo el tiempo ha logrado volver a unir a personajes que alguna vez tuvieron cercanía con la desaparecida Democracia Cristiana, DC, pues el ex presidente Vinicio Cerezo, será el primero en impartir una charla magistral.