El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial se ha dado cita en Roma (del 15 al 20 de octubre) para examinar el alcance de las políticas sobre seguridad alimentaria y proponer alternativas creativas para reencauzar las estrategias y conseguir la eliminación del hambre en el mundo. Como es costumbre en este tipo de actividades, la FAO ha proporcionado datos que revelan el fracaso de las estrategias globales y la necesidad de poner más atención a un tema de preocupación planetaria.
El informe titulado “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2012”, arroja todavía datos escalofriantes. Por ejemplo, se dice que cerca de 870 millones de personas, esto es, la octava parte de la población mundial, padecen subnutrición crónica (datos 2010-2012). De estos, 852 millones pertenecen a países en vías de desarrollo.
José Graziano da Silva, Kanayo F. Nwanze y Ertharin Cousin, al frente respectivamente de la FAO, el FIDA y el PMA, en el prólogo del informe se lamentan que “en el mundo actual de oportunidades sin precedentes a nivel tecnológico y económico, nos parece totalmente inaceptable que más de 100 millones de niños menores de cinco años tengan falta de peso, y por lo tanto no puedan desarrollar todo su potencial humano y socio-económico, y que la desnutrición infantil provoque la muerte de más de 2,5 millones de niños cada año».
El texto parece optimista y reconoce algunos logros para alcanzar las famosos “objetivos del milenio” (ODM), pero esto depende (se dice) de un mayor esfuerzo de los países para desarrollar estrategias creativas y efectivas. «Si la reducción media anual del hambre de los últimos 20 años continúa hasta el 2015, el porcentaje de subnutrición en los países en desarrollo alcanzaría un 12,5 por ciento. Todavía por encima de la meta del ODM del 11,6 por ciento, pero mucho más cerca de lo que se pensaba anteriormente», señala el informe.
Las estadísticas indican que África fue la única región donde el número de personas hambrientas aumentó en el período citado, pasando de 175 millones a 239 millones, con casi 20 millones sumados en los últimos cuatro años. Y en África subsahariana, los modestos avances logrados en los últimos años hasta 2007 se anularon, con un aumento del hambre del 2 por ciento anual desde entonces.
En el tema de la protección social para la seguridad alimentaria, los números revelan que cerca del 80 por ciento de los pobres del planeta carecen totalmente de protección contra los efectos del desempleo, las enfermedades o alguna incapacidad. Sin mencionar las malas cosechas o los altos precios de los productos alimenticios.
La gran paradoja de la situación actual del mundo consiste en que mientras muchos mueren de hambre o intentan sobrevivir como pueden, otros pocos derrochan e ignoran (o se hacen de la vista gorda) a quienes sufren. Algunos son tan optimistas que incluso creen vivir en una nueva era de civilización y progreso.