A quince meses de distancia, no es aventurado señalar que el gobierno ultraconservador del presidente Otto Pérez Molina, empezó con el pie equivocado. En todos lados se observa una completa improvisación, y conforme pasan los días afloran las denuncias de corrupción y de diversos actos que ponen en entredicho la cacareada política de transparencia.
Entre el pueblo crece la frustración y el desencanto, por el mal olor de algunos contratos millonarios como el usufructo durante 25 años del Puerto Quetzal, a favor de una compañía española, y la postura permisiva de los sectores oficiales favoreciendo el saqueo de los recursos naturales como el oro, la plata y el petróleo, en beneficio de poderosas empresas extranjeras, que causan severos daños al medio ambiente a cambio de migajas económicas en concepto de regalías.
La incertidumbre se agudiza cada día más entre los guatemaltecos y extranjeros que conviven en nuestro país, ante el incontrolable torrente de ataques armados contra las unidades del transporte público, asaltos a peatones y automovilistas. En general, un aterrador clima de violencia tiene de rodillas al pueblo de Guatemala.
Las llamadas fuerzas de seguridad del gobierno han sido incapaces de dar protección a la población. Únicamente demuestran su eficiencia cuando se trata de reprimir a estudiantes, maestros, campesinos y obreros.
Asimismo, es notorio el despliegue policial para acallar las manifestaciones o protestas de los pobladores por las actividades de extracción minera o por la construcción de hidroeléctricas sin respetar las consultas populares garantizadas en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en torno a medidas legislativas o administrativas que puedan afectar a los pueblos indígenas.
La pésima conducción de la política económica bajo la batuta del señor Sergio de la Torre, actual ministro de Economía y expresidente del CACIF, ha incrementado la miseria y la pobreza en que vive gran parte del pueblo. La tasa de desempleo es alarmante, pues claramente se refleja en la proliferación de la economía informal.
Los arbitrarios aumentos en los cobros de los servicios de Empagua, de energía eléctrica, y de las empresas telefónicas, son verdaderamente preocupantes.
Asimismo, los continuos incrementos de los precios de los artículos de consumo diario, y la incesante especulación frente a una alarmante pérdida del poder adquisitivo de la moneda nacional, están fomentando un enorme descontento entre los habitantes del campo y la ciudad.
A todo ello, cabe agregar la impunidad con que están actuando algunas de las empresas de tarjetas de crédito que cobran intereses leoninos hasta del 60 o 70 por ciento.